El Gladiolo rojo se adentra en ese espacio del misterio.
Todo es silencio. Trinos de pájaros. Vibración. Conexión con otro plano de conciencia donde lo sagrado parpadea en un instante. Estado alerta ante la presencia. Viaje del alma y del cuerpo. Nace el poema envuelto en las asociaciones emocionales del juego verbal. Nada escapa a la mirada simbólica. Y una voz interior resuena en cada pétalo como un retorno a la evidencia.

El Gladiolo rojo 2024
Editorial Aurora Boreal® ebook http://www.auroraboreal.net
Poesía- Páginas 44

Muestra poética

Un bosque sin ego


Las llamas han amputado el aliento
de los árboles.
Les duelen las coronas de espinas
—la indiferencia
de los desalmados
que se nutren del caos.
En su muerte de cruz, el bosque inocente
gime su tortura
y ningún ungüento de miel y aloe
le sirve para mantenerse en pie.


Miles de personas se afanan
por apagar la ira
del elemento errante, ese fuego
—exterminador—
que dispara a su antojo
a los verdes del barranco,
dianas de tiro.
En bancales de flora quemada,
escondidos en las cuevas guanches,
sobreviven los roedores del desastre.


El monte expira.
Ahora el hollín le cubre el cuerpo
con un manto oscuro, en un sepulcro
muy triste —muy triste.
¿Cuánto tardará la estrella en brillar
ante sus ojos?
En verdad, en verdad os digo que viene la hora
de pasar de la muerte a la vida.
Detener el látigo que le cruza la cara
a lo sagrado.

Cuarentena del miedo

In memoriam
J.M. Caballero Bonald


De ti aprendí cómo se borda
el linaje del poeta.
Cuántas noches rastreando la palabra
en cornucopias de vino…
Esfuerzo inútil.
Y, al irse la gata por los tejados,
tu manual de infractores venía a combatir
el oídio de mis versos.


Caía en el error —me decías—
de invitar al conjunto.
Había que levantar un muro de piedra
—a pelo, sin audiencia—
del que yo solo entendiera
su grieta, silencio y gravedad.
Lo suprasegmental
con turnos de habla.


Que lo importante
fuese el reino de oscuridad,
un subjuntivo en racimo
—a modo de cascotes,
entre pilar y pilar.
Que las manos fueran mías,
la tierra, prestada,
el agua, de todos.

Maestro, no pude comprenderlo
hasta tu muerte.
Aquel día en que algunos
te lloraban, otros te gritaban
—suplicando tarde tu perdón—,
mientras surcabas el océano
sobre una nave cartujana
y tu galope vencía al miedo.

Arco de maracuyá


La roca rezuma agua
sobre el rostro de barro.
Observante, guardián de nuestros recuerdos
—aquellos años difíciles—
cuando la juventud pasiflora
convertía el dolor en crème brûlée.


Fue nuestra primera máscara
—entonces tenía melena—.
La colgamos juntos
en el triste piso de alquiler
que nos empeñábamos en iluminar una y otra vez,
aunque él se negara.
Sobrevivirá entre las flores de maracuyá,
sus cinco estambres curarán las heridas del invierno.
Sabrán que nuestras rodillas
aún albergan sueños —de pulpa hipnótica—,
las lianas necesarias para vivir de pie
sin postes, miserias ni adulación.


[Los objetos transportan la mente
de delante hacia atrás
en un vértigo de aromas, licúan bayas mojadas.
Un shift vegetal que nos ofrece asiento
para recorrer la línea del tiempo.
Los vagones están llenos de lágrimas.]


Y cuando las garzas maroteen las cerezas,
nos tumbaremos a verlas pasar en la atalaya de nubes.
Una copa de vino
—la vista sedante sobre el valle—
y un cucurucho de parchita fresca
para lamer con pasión las llagas del horizonte.

Vendimia 


En mi interior clochard
hoy se presiente
la pisada de la lluvia.
Medito sobre los campos de batalla,
apago el fuego y el ruido.


A partir de ahora, este esqueje de parra
se toma su rato,
se rinde.
Porque todo lo bueno,
lo singular, lo genuino
—eso que de verdad vale la pena—,
siempre se hace esperar.


Sospecho que el vino y la buena letra
necesitan su tiempo en racimo.
Madurez. Trasiego.
Necesitan fermentar.
Quédate donde estás.

Púas en el mandala

Hacer
y deshacer:
esa es la cuestión.

Y cómo duelen
las púas
mientras tarareo en sánscrito
la canción
del innombrable
—al barrer lentamente el mandala
que me vio nacer.

Crece el eterno retorno,
llueve calima sobre la cabeza del dragón.
Apenas se ven los trazos del uróboro.

No siempre se diseñan bien
los canales sagrados.
Hay tunos maduros
que caen y profanan
los laberintos de arena
sin encarar su culpa
para robarnos el juicio.

Otros Libros de la autora

Teresa Iturriaga Osa
España. Doctora en Traducción e Interpretación por la Universidad de
Las Palmas de Gran Canaria. Reside en Canarias desde 1985. Dedicada a la gestión cultural, periodismo, sociología, radio, poesía, ensayo, relato, traducción. Directora de los proyectos interculturales Que suenen las olas (Canarias-Marruecos) y Alar de rosas (España- Honduras). Sus libros: Mi Playa de las Canteras, Juego astral, Revuelto de isleñas, Desvelos, Sobre el andén, Gata en tránsito, Campos Elíseos, En la ciudad sin puertas, DeLirium, El oro de Serendip (L’Or de Serendip edición francesa), Arden las zarzas, Palabra de Gourmet, Al viento Maestral, Andra Mari y El Gladiolo rojo. Se incluye en varias antologías: Orillas Ajenas, Hilvanes, Fricciones, Ecos II, Doble o nada, París, Mujeres en la Historia I- II-III-IV, Casa de fieras, Madrid en los poetas canarios, Pilpil y mojo, En un lugar del Universo (IAC), Palabras descalzas, Sexo robótico, 2120, El mejor poema del mundo 2024 y El verano de tu vida.

También te puede interesar


Descubre más desde La Náusea

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


En cuanto a los comentarios en los artículos:

  • El contenido de los comentarios representa la opinión de los usuarios/internautas, no la de La plataforma cultural La Náusea.
  • No está permitido escribir comentarios contrarios a las leyes, injuriosos, ilícitos o lesivos a terceros.
  • Es de agradecer (y en ocasiones es de exigir) un respeto mínimo a las normas ortográficas y gramaticales.
  • Por todos los puntos anteriores, La plataforma cultural La Náusea se reserva el derecho de eliminar cualquier comentario que considere inapropiado.

Recuerde que usted es responsable de todo lo que escribe y que se revelarán a las autoridades públicas competentes y tribunales los datos que sean requeridos legalmente (nombre, e-mail e IP de su dispositivo, así como información accesible a través de nuestros sistemas, consulte nuestras políticas).

Deja un comentario

Esto es para ti …

Descubre más desde La Náusea

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo