Si conoces el proyecto Radiografía de la Conspiranoia, ya sabes que aquí se analizan y exponen orígenes e historia de teorías de la conspiración, o conspiranoias como a mi me gusta llamarlas, pseudociencias, grupos coercitivos, mitos, etc. Pero si has llegado aquí buscando una lista de películas de terror de corte cristiano, con demonios, curas, monjas, exorcismos y demás, debo advertir que este artículo no tiene nada que ver con esto.

Cristianismo y cine están relacionados desde los orígenes del séptimo arte, en primer lugar porque aunque el fenómeno religioso es inherente a cualquier civilización, el cristianismo esta en la base del mundo occidental, donde el fenómeno cinematográfico vio la luz, o fue inventado y desarrollado. El arte en occidente está impregnado de cristianismo, de su doctrina, de sus privilegios y de sus censuras, de sus practicas y de sus leyendas, y en definitiva de su moral, eso sin olvidar que el cristianismo ha permeado en gobiernos e instituciones de todo tipo por lo que ha abrigado también con su manto, el relato histórico, los temas, el orden o incluso la prédica que se ha vertido en el arte. De todo esto no es ajeno el cine que lo expresa en sus alegorías, protagonistas, fábulas y por supuesto la propia narrativa del fenómeno cinematográfico occidental.
Pero es en el cine de terror de las últimas cinco décadas donde encontramos la mayor representación de ideas de lo que conocemos como el fundamentalismo cristiano de los EEUU, entendiendo a estos como los grupos extremadamente conservadores que surgieron entre los cristianos protestantes en Estados Unidos a finales del siglo XIX, y que se oponían a los métodos histórico-críticos o procedimientos que se utilizan para examinar los orígenes históricos de los textos bíblicos, y a las ideas más liberales que habían ido impregnando a las diferentes confesiones cristianas del mundo.
Estos grupos, casi todos enmarcados en lo que se conoce como las conferencias del Niágara (no confundir con el Movimiento del Niágara, ni con las Conferencias de Niagara Falls), se caracterizan por defender la inerrancia de la Biblia y su autoridad histórica total e indiscutible, así como la literalidad de sus textos. También defienden que Dios creó el mundo en una semana, rechazando así la Teoría de la Evolución de las Especies, reclaman la independencia de la Iglesia respecto al Estado al cual en muchos aspectos consideran de orden inferior, o dicho de otro modo, mantienen que la Iglesia debe ser el Estado, del mismo modo que debe ser la Justicia o el Ejército. En otras palabras, defienden un estado teocrático.
Defienden de manera indiscutible que María era virgen cuando dio a luz a Jesús, y son Milenaristas, es decir, creen que Cristo volverá para reinar sobre la Tierra durante mil años, antes del último combate contra el mal, condenando al diablo a perder toda influencia para la eternidad, dando comienzo el Juicio Universal.

Charles Darwin
Pero hay que tener en cuenta que la sociedad estadounidense vive lo religioso de manera muy tradicional, basta en este sentido atender a algunas estadísticas para darse cuenta de que los ciudadanos que se declaran agnósticos o ateos son mucho menos numerosos que en otros países occidentales. A pesar de la explícita separación entre la religión y el estado proclamada en sus textos fundacionales, ningún presidente se ha declarado indiferente a la religión, no digamos ya ateo. Es más, casi todos han incluido en sus respectivas campañas un alto compromiso religioso, haciendo frecuentes referencias a Dios o rodeándose de asesores morales o espirituales. Aunque esto puede interpretarse como un punto a su favor a la hora de recaudar votos, claro.
En la sociedad civil es también muy visible este factor religioso. Gran parte de la población sigue con verdadera entrega el fenómeno del teleevangelismo, esos reverendos que con frecuencia terminan sus programas gritando, profetizando acontecimientos y hasta haciendo milagros.
En el cine se ha reflejado como decía, la historia del cristianismo y ha exhibido como ceremonial a representar las angustias, la consagración y el martirio de los primeros cristianos, el temperamento de sus seguidores, algunos exaltados hasta el empalagamiento o pulidos para su admiración, a veces en films absolutamente deleznables y otras en películas de muy buena calidad.
El término fundamentalismo surge entre 1910 y 1915, en 12 volúmenes que recibieron el nombre de Los Fundamentales, editados por Lyman Stewart, un millonario del sur de California. Se trata de un conjunto de noventa ensayos publicados entre 1910 y 1915 por Testimony Publishing Company of Chicago. Inicialmente se publicó trimestralmente en doce volúmenes, luego se volvió a publicar en 1917 por el Instituto Bíblico de Los Ángeles como un conjunto de cuatro volúmenes. Baker Books reimprimió los cuatro volúmenes en dos portadas en 2003. Y digo todo esto para hacer notar que la cosa está muy viva.
Lyman Stewart decía que los textos eran las mejores fuentes educativas del mundo, ¿qué iba a decir el buen hombre?.
En todos ellos es evidente una clara tendencia reaccionaria frente al modernismo. Si bien predominan los argumentos de tipo teológico, también se habla de lo social y político. Los doce volúmenes consiguieron reunir textos de un gran número de profesores, escritores y teólogos conservadores americanos. La primera distribución de Los Fundamentales no trascendió el ámbito académico de orientación religiosa. Pero el carácter empresarial de Lyman Stewart hizo que los textos pudieran llegar pronto a sectores más amplios creando un impacto social importante, muy pero que muy importante.
En 1920 la mayor parte de la población americana estaba familiarizada con el término fundamentalismo que especialmente entre los republicanos se veía con simpatía. La palabra hace referencia a lo fundamental, es decir, a lo esencial de la doctrina cristiana.
Durante muchos años, los evangelistas protestantes americanos se mantuvieron al margen de la política. Para poetas como Emerson, la práctica de la política era un mal del alma. Pero las protestas en pro de los derechos civiles, el clima de liberación de los años sesenta, el aumento de la difusión de la pornografía, la mayor visibilidad de la homosexualidad, la lucha feminista, el mayor consumo de drogas y la práctica del amor libre, fueron motivos suficientes para que algunos grupos religiosos asumieran posiciones políticas.
Estos grupos de la Nueva Derecha Cristiana tienen a su disposición un gigantesco poder mediático con cadenas de televisión, radios, periódicos y revistas. Además, cuentan con universidades, iglesias, hospitales y otras instituciones benéficas o culturales. Si bien cada grupo tiene una oferta propia, en algunos temas se producen amplias coaliciones. Al hablar del aborto, de los homosexuales, de la pornografía, de las drogas o del feminismo, las posiciones de grupos como Moral Majority o The Christian Voice son casi idénticas. La competitividad mediática existente entre estas organizaciones fundamentalistas ha obligado a sus líderes a abandonar sus concretas connotaciones sectarias para buscar mensajes capaces de atraer a la audiencia americana en general. Así, los formatos televisivos han tendido a homogeneizarse.
Así que si el género de terror moderno es un fenómeno inventado casi exclusivamente en Estados Unidos, y la sociedad estadounidense está profundamente impregnada de cristianismo, y en sus versiones más radicales, de lo que se conoce como fundamentaliso cristiano, las películas de terror, son un reflejos de la mitología formada por miedos, anhelos, y tradiciones de esa moralidad extremadamente conservadora. Son alegorías religiosas modernas vistas a través de un cristal sumamente distorsionado. Un ejemplo de esto son algunos personajes femeninos sexualmente promiscuos, que suelen ser rápidamente asesinados pues encarnan el error, el pecado.
Del mismo modo que las películas de monstruos gigantes son una alegoría del Japón de posguerra, al final de la Segunda Guerra Mundial, las películas de terror lo son de una sociedad estadounidense profundamente cristiana.
Este artículo inicia una serie dedicada al fundamentalismo cristiano estadounidense en el cine de terror y continuará el 20 de Diciembre.
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Cesc Fortuny

http://radiografiadelaconspiranoia.wordpress.com
(Barcelona, 1971) artista multidisciplinar.
Como músico está presente en un buen número de recopilatorios y ha publicado más de 70 trabajos con diferentes proyectos y bandas. Colabora también con otros músicos, acompaña a poetas en recitales y participa de otros experimentos interdisciplinares.
En fotografía ha realizado algunas exposiciones, a destacar «Cuerpos de agua» en colaboración con Marian Raméntol.
Guionista y realizador de cine experimental ha presentado a certámenes, festivales y concursos parte de su producción (4 cortos, 2 documentales y más de 10 clips musicales).
Autor de los poemarios La misteriosa canción de la sangre (Paralelo Sur, 2010), El silenci plou sobre les pedres (Ed. Alva Eno, 2013), La dolorosa partitura del miedo (Alkaid Ediciones, 2014), y Métodos para ahogar con la nariz (La Náusea Ed., 2019).
También es coautor del poemario Comiendo pelos como herejía poética junto a Marian Raméntol (Ed. Atenas, 2008). Ha participado en diversas antologías entre las que destacan, La escritura plural. 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura (Antologado por Fulgencio Martínez y Prologado por Luis Alberto de Cuenca, Arspoética, 2019), OPUS TESTIMONII – Universal poets selection in Spanish (Prologado por Oscar de Gyldenfeldt, La Luna Qué (Argentina), 2017), Tres Heridas. Antología de nueva poesía amorosa española (Antologado por Carlos Vitale, Traducción al armenio de Hakob Sinmonyan), o Domicilio de Nadie, Muestra de poesía Barcelonesa (Antologado por Andreu Navarra, IslaNegra Ed., 2008).
Así mismo es autor de la novela de terror experimental El quirófano en el bosque (La Náusea Ed., 2020). Ha sido traducido al inglés, rumano y armenio. Publica habitualmente poesía, narrativa y ensayo en la Plataforma Cultural La Náusea, y ha colaborado en revistas como BaBab, Kokoro, Alkaid, Paper de vidre, Periscopio, Devenir 111, El Humo, Noche Laberinto, Alga o Educational Evidence entre otras …
Conduce el podcast Radiografía de la Conspiranois en el que habla de grupos coercitivos, teorías de la conspiración y pseudociencias desde un punto de vista crítico. También publica semanalmente un artículo sobre esos temas en un espacio homónimo y en la Plataforma Cultural La Náusea una vez al mes.
Codirige el podcast SINTAGMA de la Plataforma Cultural La Náusea y conduce la parte discográfica de la misma plataforma





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