Luis Gilberto Caraballo es un poeta y pintor con más de tres décadas de trayectoria. Nacido en Caracas, Venezuela, ha publicado 10 poemarios y tiene más de 30 poemarios inéditos.

Entre sus más recientes libros publicados destacan Arpa Invisible, Es tiempo de volver: destellos de un regreso, La Gruta del Ávila, Celajes de la noche. Caraballo conduce y dirige un programa, Las tizas de la noche para Radio Uno La Internacional 1340 AM, en Venezuela.

Diálogo con Jorge Luis Borges

Yo que tú y tú que yo
yo que él, yo que ellos. Nosotros vacíos solos
y llenos juntos. Nos hunde el sueño
tan inmenso es el mar entre nosotros los cuerpos flotan
adorados por su oleaje viajan cada uno,
oloroso de sí, entre todos y solos.
Anochece y la piel temida
hundida en el oscuro y obsceno sueño.

Cada uno se adormece en el árbol,
y ninguno podrá
ser más que otro en el cuerpo.

Quién sabe si cada uno se libera en la noche
y anda los desiertos, y otros se encierran en la música
y otros bañados de faroles en los ojos caminan
por las averías de una ciudad incierta.

Quién sabe si los nudos aflojan
y el ego puede verlos partir
sin intimidar a la noche, sin la fatiga y la sed
contenida en el reír.

Quién sabe
si todos regresan a la misma hora,
o si van llegando los necesarios.
Y luego en el resplandor de la albura,
en los silencios de la tarde o de la noche,
con su antorcha de estrellas
vienen con voces sumisas, llegan y se incorporan
en el cenit de la oscurana.

Quién  sabe adónde viajan y cómo regresan,
si vienen completos o si vienen en olvido.

Quién los sana en la travesía,
sino es el sueño y el gemido del tiempo
borra en olvido las llamas trashumantes.


Diálogo con la lluvia”  (fragmento) 

Cada vez que miro la lluvia caer pregunto si podré ir con ella en su viaje de regreso y verla de nuevo amanecer en los algodonales portando cuentos e historias de la tierra endurecida. Habrá tenido que atender trasiega demonios y cuanta tarántula habita. Hacer su rendición de culpas y pedir la excarcelen, a duras penas pronunciar lo que va quedando en su seca lengua abismos delgados suficientes para emprender el regreso. Sin antes visitar la casa de los duendes donde convierten la amargura de las horas en noches de olvidos.
Cada vez que miro por la ventana, siento el goteo de tus memorias, y hay muchas en que los demonios se asoman con rostros de santidades y ojos colgados de incendios, como botones escogidos en las calderas del mar.
Se oyen huecos como sótanos insondables de laberintos, tan solo vacíos y con una inmensa soledad. Cuando aparecen dibujados por las lluvias como gotas en los vidrios, imploro para que la brisa pase y se los lleve lejos, bien distante a su lecho de muerte.
Cada vez que miro por la ventana tu sonrisa me alivian las horas con tu silente goteo.

Me quedé absorto y en un instante perdido cuando sonaba el reloj, había amanecido. Tenía el cuerpo completamente mojado, parecía un estanque de aromas cargados de noches. 

Me levanté, me cambié y en minutos estaba como nuevo, poseído de las lenguas tejidas del sueño.

Diálogo con el viento

Me dispuse a ir al cuarto y mientras me desvestía, me convertí en un hilo más de la gruta mágica del Ávila.
Imaginaba la lluvia del verdor y sus elegías como devanean la noche sepulta.
Con cementerios prendidos astros
y  cruces sostenidas de música hendida del viento, y un dolor como estallidos que aún se sienten al mirar.

Aquel lugar sacudía el cabello su brisa frente el espejo.
Miraba el estanque de generaciones y generaciones que han pasado
dejando sobre aquellos mármoles nombres y cuelgan historias, vidas.
Mientras la brisa cavila 
desde las laderas con su concierto incineran
hebras,
se tocan los violines en lo más ancho, la tristeza lánguida, desnudan las flores altas con aromas de museos.
Me fui quedando quieto sobre la cama sentí
el goteo paulatino de alguna tinaja 
escribía con agudos toques las sílabas de un laberinto, 
me fue tomando, hasta que finalmente me agarró el sueño.

Estaba en una biblioteca cercana al mar, se oía el oleaje y sin cesar la brisa golpeaba con voz seca. Tomé un par de libros de algún estante y me dispuse a ir a otro piso que daba al jardín.
Sentado en una mesa y con vista a aquella vegetación envolvente dispuse a leer. 

Cuando sentí que alguien caminaba con voz serena. 

El visitante: Me preguntaba me puedo sentar. 
Yo: Caramba… me había sacado de mi descanso, sí claro, le dije sin embargo. 
Y como si supiera quien era. Sabía que estaba hablando con el viento.
 
El viento: bueno solo voy a estar para hacerle compañía un rato, pierda cuidado, prosiga con su lectura.

Yo:
Llegas, aunque 
no te han nombrado
sin nombre, 
como si anduvieras
viendo con tus ojos de piedra.
Encajas una piedad heredada
del tamaño de un obelisco 
como un mural antiguo 
en los oídos resuenan los bosques 
y los silencios sacuden 
sus huesos de grisácea memoria
con pasos encorvados voces bailan
miras disperso en tus predios con altivez
los colores azabache, y azules recorren lienzos
perseguidos de la mano tus mares.
A lo mejor
más antiguo,
a lo mejor en un orden inconexo,
solo tú resuelves con la dicha
de tu calma, 
cuando tus venas 
se achican y solo el murmullo
santo levanta apenas algo, 
como una sombra.
Es el temblor de tus secretos guardados 
y la noche en guerra registra 
hasta el último minuto de un marfil cobalto
Intentando detenerte en las copas altas
de árboles  canciones de los balcones
se oyen serenatas y copas
rotas el silencio incompleto.
Cuando cierran ventanas 
con los ojos miran inquietos buscando algo
y se acaba el festín en las horas altas 
y el reloj encumbra la levedad del día.
Desolado migras 
quien sabe si hacia un terraplén.
Ahí la jerga
es con las espigas y la noche
asalta con sus jaulas de lobos miraban trepadas
en los corazones 
los dragones luminosos subidos 
a escaleras en el cielo
se cansan las losas del río susurran. 
El viento pasa 
como la noche encrespa 
hacia el alba 
calas en los floreros 
del cielo se siembran en la madrugada
las sabanas pulcras 
tienen tizne de las voces santas
y la noche en bullicios por las ventanas
cesa
la hemorragia del arpa la luz blanca.


Estos diálogos vienen de su libro La Gruta del Ávila, Letras Salvajes, Colección, Errancia del ser. Aguadilla, PR, 2021. 

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