Un disco que respira por las fisuras: viaje íntimo hacia el borde mismo del sonido

Hay obras que no buscan convencer: simplemente aparecen, se despliegan y te obligan a escucharlas sin garantías. Este nuevo trabajo —una pieza de música experimental que se mueve entre la meditación y el vértigo— pertenece a esa estirpe rara que no pretende “gustar” sino activar.

Portada

No estamos ante el típico producto de laboratorio académico ni ante una jam desordenada: aquí hay una intención clara, casi quirúrgica. El disco propone un trayecto sutil, atrevido, sostenido en una estética que bebe del jazz más especulativo y vanguardista, pero que se mueve muy lejos del free estadounidense y mucho más cerca de esa huella europea áspera, cerebral y profundamente expresiva que se incubó en Berlín durante los 80 y 90. Esa escena en la que el silencio era un instrumento y el riesgo, una metodología.

Un cuarteto creativo que no esconde su descaro

La columna vertebral del proyecto está formada por cuatro figuras que, cada una a su manera, llevan décadas empujando los límites de lo que se entiende (o se soporta) como música experimental en Argentina.

Ricky Sáenz Paz: el alquimista de las primeras tomas

Bajista, stickista, productor, compositor… y uno de esos personajes que parecen vivir atrapados entre cables, cabezales y el fantasma universal del “primero grabamos, luego pensamos”.
Ricky tiene una trayectoria tan coherentemente fragmentada como prolífica: desde grabar demos de ska hasta ser el stickista de los 7 Delfines antes de desaparecer simbólicamente del mapa y haber trabajado con gente tan dispar como; Clap, La Guardia del Fuego, Los 7 Delfines, Cerati, Belmondo, Baraka, Atlanticus, entre tantos otros. Cuando regresó, lo hizo a lo grande: portaestudio en mano, grabando bandas como 12 Sombreros y acumulando más de cuarenta proyectos en su haber.

Para él, la producción artística no es una profesión, sino una especie de ritual Eno-esco: “realizar un momento cuyo output es la grabación”. Y eso se nota en este disco. Su huella está en la manera en que los sonidos se sostienen, respiran, se deshacen y reaparecen. Ricky captura energía —cruda, imperfecta, viva— y la deja ahí, sin maquillaje, como un insecto fosilizado en un bloque de ámbar ruidoso. Bajista y stickista de amplia trayectoria, fue el primer músico en introducir el Stick en Argentina luego de haber tomado clases con el creador Emmett Chapman. Lleva adelante en su estudio LaMarca. Actualmente se encuentra desarrollando dos proyectos en paralelo “Q” y “Lobos trío”, con sus respectivos álbumes a editar el año próximo.

Ramiro Larrain: la memoria viva de la experimentación argentina

Larrain no necesita adornos. Desde 1971 trabaja en música experimental, concreta, acción sonora, videoarte y cualquier otro formato donde el sonido pueda perder la compostura. Miembro del mítico Movimiento Música Más, del Grupo de Improvisación de La Plata y de Free Ensamble, ha estado en escenarios que no perdonan: Colón, San Martín, Barcelona, improvisando junto a iconos como Derek Bailey.

Formado en plástica, música, y medios audiovisuales analógicos y digitales.. En; Cons. Manuel de falla, Asoc. De Cine Experimental, Inst Di Tella, Centro CAO FADU, HANGAR centre de art experimental Barcelona… en argentina: Arte Desde 1968 a la actualidad, Trabaja en; música experimental y concreta/electrónica, arte de acción, teatro musical DaDa, medios audiovisuales hibridos y multimedia, videoarte…

Su presencia en este disco no es decorativa: actúa como un eje de gravedad. Su oído, entrenado en décadas de caos controlado, da al proyecto una dimensión histórica y una profundidad que no se aprende en cursos online ni en entrevistas de TikTok.

Actualmente, Trabaja en arte multimedial, música de improvisación libre con medios híbridos en convivencia con improvisación libre en tiempo real en video digital . realiza obras de videoarte sobre la obra de otros artistas; Victor Magariños D, Mireya Baglietto, Elda Cerrato, y otros.

El Zombie Espacial: sí, existe, y sí, hace exactamente lo que piensas

Más de 180 lanzamientos en Bandcamp. Más estilos mezclados que géneros existen oficialmente. Un laboratorio propio llamado AstroZombie, donde grabar, mezclar y masterizar se convierte en una mezcla de artesanía y autoboicot.
Autodefinido como alguien que “usa el sonido para crear algo que algunos llaman música”, el Zombie es el elemento impredecible del conjunto. Toca bajo, guitarra, batería, teclados y, cuando no debería, también canta. Su aportación al disco añade rudeza, humor involuntario y esa sensación incómoda de que algo se está deshilachando justo delante de ti —pero funciona.

Andrés Cabra Figueroa: la presencia que sostiene el borde

Tocando guitarra wah, saxos, flauta y clarinete, Cabra Figueroa aparece aquí como el puente entre todas las fuerzas en juego. Su sonido no compite: articula. Su intervención crea espacios de aire en medio de la densidad, canaliza texturas que se expanden sin perder tensión y aporta una sensibilidad que evita que el disco colapse en la abstracción absoluta. Desarrolló su carrera transitando distintos estilos musicales que abarcan desde el rock, a la música electroacústica contemporánea, pasando por el free jazz y la música experimental.
Formó parte de bandas como Santa Battaglia trío, Sul Divano, Baraka, Atlanticus, Tronor, Dúo junto al Zombie Espacial y participó en grabaciones de bandas como; Ambassador, Pez, Tricomas, ParKúr, Las Olas, Kant, Mzylkypop (UK), Grupo Ungido (España). Actualmente es parte de “Lobos trío” junto a Ricky Sáenz Paz y Javier Miranda.

¿Y el disco? Una radiografía del silencio agrietado

La obra es un viaje íntimo y meditativo, pero no en el sentido new age (ningún profesional del incienso ha sido herido en su grabación).
Su belleza reside en las grietas: en las respiraciones, en los ruidos “accidentales”, en los instrumentos que parecen conversar desde habitaciones separadas. Aquí no hay melodías para tararear, ni estructuras que tranquilicen. Hay un movimiento continuo, una materia que se expande, se contrae y deja entrever capas de una obsesión sonora a medio camino entre la contemplación y la disolución.

Es un disco que exige escucha activa y siempre resulta estimulante. Un trabajo donde cada uno de los músicos deja claro que la música experimental no es un género, sino una actitud: riesgo, apertura, duda, exploración.

Conclusión: una obra para quien quiera salirse del carril

Este disco es una invitación. Una provocación. Un recordatorio de que la música puede ser un espacio de pensamiento, de fricción y de belleza incómoda. De hibridación, si se prefiere.
Si buscabas música intrascendente, huye.
Si buscabas una experiencia sensorial que abra portales y deje preguntas sin cerrar, acomódate y dale al play.

Escucha o descarga el trabajo aquí:

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