¡… Pues bien, parece que ya se acaba el verano!

¡Pues venga cuéntame! ¿Pero, pero cómo te ha ido? Pero, como en la canción aquella, pero ya has conocido… ¿Ya has conocido la felicidad?

Todos estamos de vuelta, cargados con nuestras pequeñas maletas. Hemos viajado a lugares bien exóticos, o, quizá, bien modernos, de moda. Eso sí, lejos, bien lejos. Hemos hecho las pertinentes colas en los aeropuertos, en los restaurantes, en los museos de arte contemporáneo, en las discotecas más fashion. ¡¡¡¡Nos hemos puesto hasta el culo de todo tipo de cosas, hemos vivido a tope esa libertad condicional en la que estamos inmersos.!!!!

¡Pues vale! ¡Muy bien! Pues dicho todo esto, nos centraremos en otra cosa ¿O quizá no? Quizá sea la misma cosa.

A estas alturas de la película, ya no distingo lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo verdadero de lo falso, lo auténtico de lo replicado. Tengo un lío en la cabeza que ni tres pastillas de ibuprofeno desenredan. Todo se ha vuelto relativo, todo depende ya del cristal de las gafas de marca con el que miras, con el que ves las cosas, la realidad.

El verano, es el tiempo en que los calores nos arrebatan, y arrebatado yo cuento la historia que me han contado este verano. Parecerá una ficción, parecerá una mentira, pero saben los dioses paganos que todo ello es verdad. ¡Ahí va!

No quiero hacerme pesado, no quiero insistir en ello, ya que todos sabemos que Elvis (sí, sí, Elvis Presley) fingió su muerte, y todos sabemos ahora, que hasta hace poco tiempo todavía rondaba por la ciudad de Las Vegas, vestido con un mono de trabajo y haciendo ver que reparaba los aires acondicionados de los hoteles. La mafia lo protegía, lo cuidaba y le daba esa nueva identidad.

Elvis fue como el verano, corto e intenso, con noches de excesos que tarde o temprano se pagan. Pasó el verano y pasó Elvis. En el otoño, el patriarca del rock empezó su deslumbrante decadencia. No haré aquí un repaso por la archiconocida vida del Rey. Estamos aquí para hablar de otra cosa.

Cesc Fortuny, uno de los factótums de esta casa, conoce muy bien las “conspiranoias” (recomiendo pasear por su blog) y demás fábulas modernas. Sabe de las leyendas urbanas sobre el chico de Tupelo y aunque, no lo reconoce abiertamente, es consciente de que Elvis, antaño, vagaba por los parajes subterráneos de la ciudad del vicio, por esa ciudad donde la luz es inagotable e infinita.

En confidencias personales, en petit comité, Cesc ha llegado a comentarme que sabe el verdadero paradero de la Rock-Star. Me ha dicho a la oreja, que ya no deambula por los sótanos de los hoteles de Las Vegas con su caja de herramientas, moviéndose por entre esos conductos para pasar desapercibido; que ya no come las sobras que roba de los bufetes libres cuando se introduce en las cocinas; que ya no escucha el ruido sincronizado de las incesantes máquinas tragaperras; que ya no vive en el día eterno, con esa luz artificial que lo inunda todo.


Cesc me relató cómo la mafia lo sacó de EE.UU. por valija diplomática y cómo, después de algunas aventuras, fue a parar a “Marina d’Or. Ciudad de vacaciones”. Allí se instaló un tiempo, vivió medio oculto en la temporada alta, cuando el verano se impone, y disfrutó de la soledad cuando todo el complejo queda bajo el influjo del invierno. Allí, ocurrió lo que nos relata el Coronel Parker, y que aquí, porque no es el lugar conveniente, no explicaremos.

Elvis ha ido de aquí para allá, cambiando de identidad y estando siempre en segunda fila, discreto. Huye de aquella fama que lo abdujo, que lo colonizó. Dicen, que en los años de la Covid, estuvo por el Ampurdán catalán y que allí conoció a nuevos amigos, que entabló amistad con el director del antiguo Ajoblanco, con los “Atalantes”, incluso hay quien lo relaciona con el manager de conciertos Gay Mercader. Otros dicen que vieron a un tipo extraño por Cadaqués, quizá en el casino del pueblo. Dicen que había un tipo que no le quitaba ojo a la Harley del amigo de Jordi Valls, Eliseu Huertas, quien afirma, con toda rotundidad, que una moto puede ser una máquina de pensar.

Seguro, que si el Rey estuvo por el Ampurdán, no perdió la ocasión de visitar la ruta Daliniana: el museo, la casa de Gala-Dalí en Port Lligat y el castillo de Púbol, donde Gala se aisló y disfruto de sus libertinajes.

Por si os aburrís, ahora que vuelva la dichosa normalidad, os recomiendo un par de películas sobre el Rey. Una es “Elvis y Nixon” dirigida por Liza Johnson en 2016, donde se explica el delirante encuentro del cantante con el presidente de EE.UU. Una historia real que nos adentra en un espacio alienígena donde dos personalidades absurdas coinciden. La otra es “El último Elvis”, una película argentina dirigida por Armando Bo en el año 2012. En ella, el protagonista, un fan e imitador del chico de Tupelo, nos lleva por la agonía y el tedio de la vida contemporánea hasta realizar un acto final digno de una estrella de Rock.

¡Ah! Me olvidaba. También podéis visionar el “Mystery train” de Jim Jarmusch.


En fin, aquí acaba este tinto de verano, refrescante y burbujeante, algo dulce y traicionero. Seguro que ahora estáis pensando que qué coño es todo esto, que si me ha pegado demasiado el fuerte sol del verano. No sé. ¿Quién sabe? ¿Quién sabe si todo esto es o no verdad?¿Quién sabe si no es el propio Elvis el que está escribiendo este curioso artículo? Elvis vive y eso es lo importante. Para disfrutarlo nada de viajes a sitios exóticos o que están de moda. La rueda sigue girando y Elvis is back.

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Ferran Destemple

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.

Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.

Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.

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