También pasear se ha banalizado. Con la cantidad, con el imperio de los números, establecidos en la tiranía de la estadística, también pasear se ha banalizado. Todo se desplaza, todo el mundo se desplaza continuamente. Nuestra vida se ha convertido en un ir y venir, en un de aquí para allá. Somos como los tiburones que no pueden estarse quietos ni para dormir.

Hay un libro, muy querido por mí, que habla sobre los paseos que su autor Carl Seelig, escritor mecenas y periodista suizo, realizó durante unos veinte años con el escritor Robert Walser. No es el fin de este texto desmenuzar el libro ni explicar quien era uno u otro. Lo relevante, aquí, es como Seelig muestra que el paseo es el eje vertebrador de la vida de Walser, un artista que un día decide que debe apearse del tránsito y el trasiego para recluirse en un sanatorio y alejarse de la velocidad del mundo exterior. Evidentemente, deberíamos hablar del flâneur de Baudelaire, un observador distante de la multitud y de la vida moderna. Pero todo ello a su debido tiempo. De momento lo que nos interesa, lo que nos importa es describir sucintamente, a modo de boceto, algunos lugares que nos encontramos en unos paseos que no tienen destino, que no llevan a ninguna parte, que rechazan la prisa y provocan la improductividad.

Alberto y yo mismo, os relataremos un primer lugar que nos llamó la atención. En el corazón del Raval de Barcelona, en la calle Junta de Comerç 2, al lado del teatro Romea y en concomitancia con el bar Mendizábal nos encontramos con la librería de segunda mano “Set vides”. Es esta una librería con tan solo 24 metros cuadrados, pero que está abierta a la propia calle. Lleva en funcionamiento desde el enero del 2021 y la llevan el matrimonio formado por Mario Pérez-Ruiz y su mujer la artista plástica Teresa Batlle. Tienen literatura a muy buen precio y alguna pieza de coleccionista. Mario sabe de literatura y él mismo ha publicado algún libro de cuentos y un libro sobre el misterioso manuscrito Voynich. Este hecho merecería un artículo por sí mismo, que ahora no vamos a ejecutar, pero que nos guardamos para más adelante. Su mujer, pinta, ilustra y realiza unas fantásticas esculturas oníricas en cerámica que puedes ver también en el escaparate de la librería. “Set vides”, es una librería modesta, nada que ver con la proliferación de macro-modernas librerías que han aparecido en los últimos años en la ciudad condal. “Set vides” tiene alma y rebuscar entre sus libros puede llegar a ser un ejercicio espiritual. Además, Mario suele tener conversación para todo aquel que la desee y sus intereses son tan grandes como su tamaño.

Mientras paseamos, Alberto me comenta que fue Walter Benjamin en “El libro de los pasajes” quien estudió a fondo el concepto Baudeleriano del flâneur, el paseante ocioso y observador de los cambios de la ciudad y de la modernidad naciente. Le replico que Paul Virilio, el urbanista francés y filósofo de la dromología, observó como la velocidad es una fuerza imparable y destructiva que puede llegar a producir lo que denomina como “accidente definitivo”.

En nuestro deambular nos encontramos llamativos letreros comerciales (con los que no podemos renunciar a hacer juegos de palabras), observamos como las franquicias (especialmente de panaderías y cafeterías, pero también de peluquerías) nos invaden día a día, recogemos unos cuantos libros que encontramos tirados por la calle… No podemos ignorar como cada vez más hay vagabundos echados sobre cartones refugiados en los portales de comercios cerrados o medio escondidos en alguna zona verde. Algún skater emocionado pasa rozando nuestros tobillos mientras sus compañeros lo filman entusiasmados. El olor a marihuana es muy fuerte, pero no tanto como el olor a meados. Por el carril bici no dejan de circular turistas en bicicleta o currantes en patinete. Vemos más turistas que se dirigen desde el supermercado a sus apartamentos. Muchos supermercados, mucho ruido, mucha gente mirando abstraída con el móvil, escuchando a través de sus auriculares ves a saber qué música, riendo con alguna ocurrencia estúpida de algún reel….

Así, charlando sobre esto y aquello, llegamos a la calle Lluna número 21, también en el Raval, cerca del Macba donde se halla una pequeña librería que está dedicada al cómic y a las publicaciones autoeditadas. Es un espacio pequeño y abarrotado de publicaciones. También vemos que hay obra gráfica (las serigrafías las han realizado en el taller que está al fondo de la librería), camisetas y pósters. En esta librería nos encontramos con los fanzines que Enrique Doza edita como complemento a su programa de radio “Archivo Anba Fil”.

Hablamos con el propietario Nico Rodríguez sobre publicaciones, sobre la tienda, sobre el precio de los alquileres y nos recomienda una pequeña novela de Rober Coover que contiene algunas ilustraciones de Art Spiegelman. La novela se titula “Street cop” y está publicada por Reservoir books y cuenta la historia de un policía capaz de empatizar con un mundo desquiciado y tóxico. El relato, según pone en la solapa, está a medio camino entre el relato de género y la distopía urbana y sitúa la condición humana en el centro de la una investigación policial. Parece prometedor. Compramos un ejemplar.

Salimos de la librería y nos dirigimos hacia la plaza Catalunya, donde Alberto y yo separamos nuestros caminos. Hoy es martes y es un buen día para buscar entre las cosas que la gente deja en la calle para que el ayuntamiento las recoja. Pero estamos cansados y nos despedimos.

Con Alberto siempre tenemos la figura decimonónica del flâneur en la cabeza. Intercambiamos ideas sobre los conceptos de aceleración, vagabundeo, paseo y de cómo perder el tiempo. Tendríamos que hacer una lista con 50 maneras elegantes y distinguidas de perder el tiempo… La idea queda en el aire.


Han pasado unos días y hemos quedado en el antiguo café de la Ópera, a media Rambla. Alberto conoce bien a los camareros y también al actual dueño. Nos invitan a unos cafés y nuestras mentes entran en deriva… Creemos que, aunque el flâneur nació como una figura resistente a la aceleración, quizá ahora esa figura debería actualizarse… le damos vueltas al tema, tocamos tangencialmente la psicogeografía, a Debord, a Ian Sinclair… Nos damos cuenta de que en la actualidad cuando todas las ciudades se van reformando con los mismos patrones es muy difícil hallar lugares ajenos a la aceleración y las tensiones contemporáneas. La aceleración y la contemporaneidad captan para su causa hasta el último rincón de la ciudad. La monetización del espacio es prácticamente total. Los ciudadanos que, en teoría somos libre, estamos regulados y dirigidos por un régimen temporal muy estricto, por una aceleración que, inevitablemente, también afecta al ámbito social y nos sumerge en múltiples formas de alienación.

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Ferran Destemple.

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.

Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.

Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.

Alberto Lamas.

Nacido en la década de los cincuenta del siglo pasado, Alberto Lamas, es un diletante, un flâneur de las palabras, un amateur de las imágenes. Después de estudiar periodismo en la UAB, participó en diversas revistas literarias de los años 70 y 80 y escribió crónicas para diversos diarios de la ciudad Condal. Para sobrevivir, fue trabajador de Renfe, “dealer de pequeño formato” de sustancias psicotrópicas, tasador inmobiliario, aficionado a los eventos nocturnos, y sobre los 2.000 responsable de un “drinking cultural” en el efervescente barrio barcelonés del Borne.

Algo desengañado del ambiente cultural, se refugió en su ciudad natal, El Ferrol, donde está llevando a cabo su nuevo proyecto, el “Nicasso Institute”. Coleccionista y amante de objetos desechados, recolecta todo aquello que, estéticamente, le llama la atención y lo estudia cuidadosamente para darle un nuevo sentido.

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