En estos tiempos, todo el mundo quiere ser un profesional. Ser un profesional significa triunfar allá donde se emprende. En otros tiempos, algunos, reivindicaban ser “amateur”. Un amateur es un aficionado, alguien que practica una actividad sin ser, nos dice la RAE, un profesional.

Podríamos matizar que ser un amateur puede ser, también, una elección. Uno puede elegir ser amateur para no ser un profesional. En el arte, hoy, todo el mundo quiere ser un profesional. El curador, el crítico, el montador, el gestor, el técnico y, naturalmente, el artista. Todos exigen ser profesionales y que se les trate como a tales. Los artistas hacen arte para el arte. No arte por el arte, sino arte para el arte. Me explico: Todo artista, hoy, está interesado en participar del arte, de ese arte institucional que crea arte para el mundo del arte. El arte se explica a sí mismo, no necesita de nadie más que de los integrantes del arte. El arte no aspira a nada, solo a sobrevivirse a sí mismo, a reproducirse, a ocupar espacios de la cultura, a industrializarse, a hablar de sí mismo, en definitiva, a empacharse.

Ha habido momentos en que los artistas aspiraban, también, a otras cosas. Igual se les podría acusar de idealistas, pero no podemos negar su ambición. Ha habido artistas que veían el arte como un medio para expresar sus ideas más arriesgadas e intrépidas, como una provocación para realizar un cambio de actitud en el individuo y, consecuentemente en la sociedad. Artaud nos dice al respecto que ellos, los surrealistas, no tenían nada que ver con la literatura, pero que eran muy capaces, en caso de necesidad, de utilizarla, de servirse de ella, de la misma forma en que lo hace todo el mundo. Para los surrealistas, para algunos de ellos, el arte era un medio, no un fin. El surrealismo no buscaba hacer arte, buscaba un cambio espiritual en el individuo, utilizando, si era necesario, el arte en cualquiera de sus expresiones.

Curiosamente, este año se cumplen los 100 años del primer manifiesto surrealista promulgado por André Breton, donde exponía su rechazo a la razón instrumental y a las leyes del utilitarismo convencional, en favor de la ausencia de normas y de la ampliación de los límites. Todo ello se debía conseguir mediante un automatismo psíquico puro, que lograría expresar el funcionamiento real de un pensamiento ajeno a toda preocupación estética o moral. El surrealismo no era un nuevo “ismo”, ni tan siquiera una forma poética. El surrealismo era un medio para liberar totalmente el espíritu.

Alguien dijo alguna vez, que el surrealismo había triunfado como arte, pero fracasado como revolución espiritual, como cambio sustancial del individuo. Supongo, visto lo visto, que tenía toda la razón y que las celebraciones del centenario que se nos ofrecerán irán en esa dirección.

Dentro de las payasadas teñidas de surrealismo, no podemos obviar al genio de Figueras, Dalí. El artista ampurdanés (que parece muchas veces gallego, porque no sabes si va o viene) en su método paranoico-crítico, nos explica que su pretensión es extender la irracionalidad general que se desprende del aspecto delirante de los sueños, a lo que denominamos comúnmente realidad. Es decir, que el estado de delirio paranoico debería sobrevivir a la etapa del sueño, para ocupar todo el territorio del hombre. Consecuentemente, toda la realidad se transformaría en una especie de pesadilla, donde no habría lugar para el descanso, para la desconexión. El mundo se aceleraría exponencialmente, el delirio camparía a sus anchas y el vértigo nos consumiría.

Podríamos especular y llevar los deseos de Dalí al terreno del escritor de ciencia ficción James G. Ballard. Así, la realidad contemporánea sería la ocupación, por el delirio paranoico, de todos los espacios y actividades del ser humano. Los individuos viviríamos sumergidos en una pesadilla delirante, que no comprenderíamos del todo, pero que nos sería familiar, extrañamente familiar. El sueño y la vigilia ya no se podrían diferenciar y el descanso y el reposo nos serían negados. Viviríamos en un estado de permanente aceleración, de tiempo metanfetaminado, en un estímulo continuo e ininterrumpido que afectaría a nuestro sistema nervioso central. Seríamos adictos, pero sin saber bien, bien a qué. La adicción se transformaría en la droga, una droga que se disolvería y propagaría a través de todo tipo de pantallas multimedia.

No lo podemos negar, el tiempo ha implosionado. Habitamos un presente continuo, omnipotente que menosprecia el pasado y que no cree en ningún tipo de futuro. Nos sentimos orgullosos y mostramos nuestras ganancias, nuestros trofeos, sin darnos cuenta, sin observar como nuestras mentes ya no nos pertenecen. Las paranoias campan a sus anchas, dominan el mundo, y nosotros las contemplamos expectantes, esperando que alguna de ellas se imponga. La verdad y la mentira parecen indistinguibles. Las certezas se han convertido en interpretaciones y las ficciones compiten con las certezas. Nos movemos muy rápidamente, con determinación, con ansiedad. No podemos reposar y pensar hacia dónde queremos ir. El deseo no nos conduce hacia ningún lugar. Ahora, la circulación lo es todo. Aquello que se para, que se detiene, muere.

Algunos pronostican un cambio si nosotros, conscientemente, empujamos la máquina, aceleramos el capitalismo hasta ponerlo, frente a frente, a sus contradicciones. Otros prefieren desacelerar, poco a poco, reflexionando sobre los pasos a seguir. Yo no tengo ni idea de cuál de las dos posturas es la verdadera, ni tan solo sé si no hay otras actitudes mejores. Mientras escribo estas palabras, me consumo en la velocidad, e intento conseguir, desesperadamente, la fórmula de esa sustancia que ralentice mis pensamientos y que me dé un cierto margen de tiempo.

Soy la Manzana-Rosa del Ave del Paraíso, soy la vida, la mitad de mi cuerpo es mentira y la mitad verdad”

Cuando consiga esa sustancia, no tendré ni la más mínima duda de lo que deberé hacer.

Soy rosa y soy manzana, doy a todos un ojo de vidrio y un ojo de verdad: los que ven con mi ojo de vidrio ven porque sueñan, los que ven con mi ojo de verdad ven porque miran”

Cuando la consiga no tardaré ni un segundo en inyectármela, en notar como se desliza, hirviendo, por mis venas.

¡Soy la vida, la Manzana-Rosa del Ave del Paraíso; soy la mentira de todas las cosas reales, la realidad de todas las ficciones!”

Cuando la consiga y disfrute, completamente, de sus efectos, no tardaré ni un segundo en ofrecérsela, sin ningún tipo de escrúpulo, al mejor postor, coger el dinero y salir corriendo.

————————

*El texto en cursiva corresponde a la novela “El señor presidente” de Miguel Ángel Asturias.

Otros artículos de Ferran Destemple que te pueden interesar

Ferran Destemple

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.

Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.

Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.

También te puede interesar:


Descubre más desde La Náusea

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


En cuanto a los comentarios en los artículos:

  • El contenido de los comentarios representa la opinión de los usuarios/internautas, no la de La plataforma cultural La Náusea.
  • No está permitido escribir comentarios contrarios a las leyes, injuriosos, ilícitos o lesivos a terceros.
  • Es de agradecer (y en ocasiones es de exigir) un respeto mínimo a las normas ortográficas y gramaticales.
  • Por todos los puntos anteriores, La plataforma cultural La Náusea se reserva el derecho de eliminar cualquier comentario que considere inapropiado.

Recuerde que usted es responsable de todo lo que escribe y que se revelarán a las autoridades públicas competentes y tribunales los datos que sean requeridos legalmente (nombre, e-mail e IP de su dispositivo, así como información accesible a través de nuestros sistemas, consulte nuestras políticas).

Deja un comentario

Esto es para ti …

Descubre más desde La Náusea

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo