Siguiendo con la inmersión en el mundo de las noticias neuronales, de aquellos hechos que rozan los límites de lo material para sumergirse en el orbe del delirio, nos adentramos ahora en un hecho que ha sorprendido al mundo del deporte. B.J. Penn, ex doble campeón de la UFC y conocido como “El prodigio”, ha sido detenido varias veces en su domicilio de Hawai por romper la orden de alejamiento sobre su madre de 79 años. Según el deportista, sus familiares habían sido asesinados y reemplazados por unos impostores idénticos con la intención de quedarse con su patrimonio.
Su madre ha declarado que creen que Penn sufre el síndrome de Capgras, un trastorno neuropsiquiátrico, también conocido como delirio de suplantación, que se caracteriza por la creencia ilusoria e irrefutable de que una persona cercana ha sido reemplazada por un impostor. A veces esa creencia puede extenderse a mascotas u objetos inanimados.
A pesar de que el impostor tiene exactamente la misma apariencia física, la persona afectada con el síndrome de Capgras, siente que “algo no encaja” y no la reconoce emocionalmente. Este síndrome puede generar diversas reacciones que van desde la confusión, la angustia y el miedo hasta la hostilidad y la agresión.

La suplantación de la identidad ha estado también presente en las artes. Por ejemplo, en literatura tenemos la novela de Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, o más modernamente “El club de la lucha” de Chuck Palahniuk, aunque son los escritores rusos los que más han incidido en el tema. Dostoievski escribe en 1846 “El doble” y Gógol en 1835 el relato “La nariz”, donde un funcionario observa como su nariz se independiza de su cuerpo y lo suplanta, adquiriendo todas las virtudes personales de las que él carece. Es este un relato germinal, que junto con el cuento “El capote” del mismo Gógol, indagan en la fragmentación de la identidad y en como el hábito sí hace al monje.
En el cine tampoco faltan ejemplos. Desde algunas películas de David Cronenberg, pensemos en “Inseparables”, hasta la mayoría de los films de David Lynch, donde los doppelgangers se pasean como pedro por su casa. Sin embargo, existe una película anterior de Don Siegel del año 1956 que en España se llamó “La invasión de los ladrones de cuerpos” que expone los hechos de la suplantación y los explica como si de una invasión alienígena se tratara. Los extraterrestres duplican nuestros cuerpos para exterminarnos e invadir la tierra. Hay quienes dicen que como eran los tiempos de la Guerra Fría los invasores no eran alienígenas sino agentes soviéticos que suplantaban a la ciudadanía para robarles la libertad.
Los dobles habitan muchos espacios y se esconden en muchos rincones. El reflejo es otro doble que nos acecha, que espera agazapado para cogernos desprevenidos. Según Gustav Jung, la sombra es uno de los arquetipos fundamentales, un aspecto inconsciente de la personalidad que el consciente no reconoce como propio. Contiene aquellos rasgos, deseos, impulsos y actitudes que son incompatibles con la imagen y el comportamiento que el individuo desea mostrar como propios. Es el lado oscuro, no porque sea intrínsecamente malo, sino porque es algo desconocido incluso para nuestra conciencia. La sombra nos muestra aquello que nos repugna pero que, a la vez, también nos fascina y atrae. Este arquetipo representa los aspectos más primitivos y universales de la psique humana que hemos rechazado a lo largo de la evolución. Aquí incluiríamos los instintos animales, la violencia primordial y los impulsos antisociales.
Sin embargo, Jung no cree que sea beneficioso eliminar o enterrar la sombra. La sombra (como el doble) debe ser reconocida, comprendida e integrada como una parte vital de la psique y debemos extraerla del inconsciente para liberarla en nuestro provecho.
Ahora, en un ejercicio de rocambole, juntemos los doppelgangers, las sombras, los espejos y los telegramas neuronales y precognitivos del poeta con sombrero J.V. Foix y elijamos al azar o malévolamente al pintor Salvador Dalí y a su hermano muerto como sujetos de nuestro análisis:
LA BOCA DEL HERMANO. Portlligat, agosto del 2025.
El tiempo se derrite y se paraliza. El eco antecede al sol y en la arena se dibujan dos nombres. Mi boca es la suya y sus ojos me miran, y su lengua sabe a otra vida, a algún tipo de miel, quizás. Cómplice del banquete sonríes y observas.
Dentro de mi cabeza habitas como si fueras un parásito hambriento de oro que lleva mi misma sangre. Soy como una ausencia, soy la piel que viste esa ausencia. Soy un molde vacío, construido con la carne de mi hermano.

Nuestras sombras huyen y desaparecen y caminan en fila con el resto de las hormigas. La verdad es el mes más cruel y besa esa ficción que nos destruye. Sonríes y observas cómo mi boca ya es tu boca y cómo mi lengua ya es tu lengua. Cómplice del banquete sorbes mis ideas como si fueran erizos de mar.
Fin del mensaje
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Ferran Destemple

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.
Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.
Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.





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