Fragmento 1: ¡Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo y deséchalo! Mateo 18:9-10
Nada más rápido que el ojo. El ojo ve la luz, el ojo ve como se desplaza la luz. La mirada se desplaza a la velocidad del deseo. Las imágenes, todo aquello que nos rodea y comprime, viajan a la velocidad del deseo. El deseo es el motor de la velocidad, de la creciente aceleración.
El ojo es un símbolo con múltiples capas de significado que representa la conexión entre los mundos interno y externo. El ojo es una membrana que separa esos dos mundos. El ojo es esa fina capa de plata que transforma un simple cristal en un espacio liminar.
El ojo es, ante todo, un símbolo tanto físico como espiritual de la capacidad de percibir la realidad. La realidad se desplaza ante nosotros y nuestro ojo la captura. La realidad se basa en el desplazamiento emocional de los deseos. Los deseos se construyen mediante un incesante y continuo feedback.
El ojo representa un conocimiento profundo y la conexión íntima con la intuición.
Fragmento 2: La zarza ardiente y los procesos de esterilización.
En las Vegas, Nevada, se inauguró en septiembre de 2023 La esfera, un recinto pensado para el entretenimiento contemporáneo, donde se realizan veladas deportivas, conciertos multitudinarios y proyecciones envolventes. Este recinto mide 112 metros de alto y 157 de ancho con una capacidad para 20.000 personas y su coste ha sido de 2,3 millones de dólares. Su principal característica es su sistema de pantallas LED de altísima resolución que envuelven tanto el interior como la exoesfera y que proyecta las imágenes que transcurren en directo en el interior del orbe. Cuenta, además, con 164.000 altavoces que ofrecen, al espectador, una experiencia auditiva totalmente envolvente.

La esfera es, a la vez, un ojo interior y un ojo exterior. El espectador participa de lo que ocurre dentro del ojo, que simultáneamente puede ser proyectado por la membrana externa del ojo. Es un ojo que emite siempre imágenes, pero que también las genera. En La esfera lo que ocurre dentro se observa fuera. Lo exterior y lo interior se confunden y se complementan. Es como un espejo de Alicia en el país de las maravillas que nos mira y que no dejamos de observar extasiados. Este ojo numérico se halla desplazado de su lugar en el cuerpo humano. Es un ojo autónomo, es como si el ojo de un cíclope se hubiera desplazado de su cuerpo para instalarse en el cuerpo social, en el cuerpo social de una Babilonia ficticia sin reglas ni convenciones, en el cuerpo social de la ciudad como Las Vegas.
Un cíclope tiene un único ojo, un único punto de vista, una visión unidireccional. El cíclope más conocido y literario es Polifemo, pero existieron antes otros primordiales llamados Uranios, hijos de Urano y Gea, que siendo herreros forjaron los rayos y truenos de Zeus y el tridente de Poseidón. Se dice que su ojo no era un simple órgano de visión, sino un símbolo de su fuerza y de su habilidad como herrero y que estaba relacionado con su capacidad de crear y manipular el fuego.
El ojo de la esfera sería como ese ojo de los cíclopes uranios que tienen el poder de forjar la realidad, de forjar el poder. Tiene una visión jerárquica, unidireccional, omnipresente y totalizadora.
Fragmento 3: “Nada humano saldrá con vida del futuro”Nick Land
Las imágenes que proyecta la esfera inciden directamente en nuestro subconsciente y dirigen y estructuran nuestros deseos. Nos dirigimos a la esfera buscando respuestas, buscando unos sueños que hemos olvidado, buscando un sentido que creemos perdido. Ignoramos que la esfera ya conoce nuestros deseos más íntimos, nuestros secretos más recónditos y que los utiliza para moldear nuestros anhelos, para inducirnos a actuar sin ningún tipo de libre albedrío. Sus imágenes impactan en nuestra psique, creando nuevas ilusiones, nuevas aspiraciones que creeremos, erróneamente, nuestras.

Desde ese lugar se emiten sin descanso los deseos que deberemos desear. Desde allí, manan las continuas mutaciones de una libido que se ha convertido en colectiva. Esos deseos ya son nuestros. Ahora nos poseen, se nos proyectan como hiperrealidades al alcance de nuestras manos. Nosotros, navegando en el hastío, ya no tenemos fuerzas ni voluntad para construir nuestros propios deseos. Los deseos se nos muestran desde la esfera como si fueran un catálogo incombustible de imágenes en alta resolución. Son imágenes formadas por el capital para provocar, para estimular la plusvalía. Ahora ya no es la máquina la forma más efectiva de producir plusvalía, es el deseo a través de su materialización en las imágenes quien produce, quien provoca nuevas plusvalías. El espectador se convierte en un apéndice del cíclope, de la esfera.
La vida se ha transformado en una forma terminal de tedio y necesitamos de esas imágenes externas proyectadas por la exoesfera para aliviar nuestra desidia. La esfera es un faro premonitorio que nos señala el camino y nosotros confiados nos dirigimos hacia su sintética y ensoñadora luz.
¿Podría ser la ceguera una posible liberación o, por el contrario, no haría otra cosa que desarrollar un desagradable síndrome de abstinencia?
Fragmento 4: Tengo un perro dentro que me ladra furioso.
¿Quieres entonces que te cuente el sueño que tuve hace un tiempo?
¿Por qué te cuento un sueño tan antiguo si sueño contigo casi todas las noches?
Aunque duermo poco y mal, anoche soñé contigo por enésima vez. Es como si hubiera metido la cabeza en el agujero equivocado y no pudiera sacarla. No recuerdo los detalles, todo está algo borroso y su desarrollo es confuso. Solo sé que en el sueño nos convertíamos continuamente el uno en el otro y el otro en el uno, que yo era tú y que tú eras yo. De repente empezabas a arder, pero no sabía ni el cómo ni el porqué.

Las gentes de Berlín se reunían para tomar baños de aire. Al principio, en la sauna, todos bromeaban pero, poco a poco, se hicieron varios grupos hasta que alguien gritó y se lanzó sobre los otros. Entonces comenzó la pelea. Yo me propuse huir. Me fue difícil salir del edificio y luego en las calles no parecía reconocer ningún edificio, ningún lugar. Busqué en mis bolsillos y encontré un mapa de la ciudad. Luego me dirigí hacia una plaza y allí, te vi. Todavía continuabas en llamas, todavía ardías. Me consolé pensando que mi tranquilidad consistiría en la llegada del deseo y que le daría la bienvenida con alivio. Tu calor me reconfortaría.
Luego me desperté, aunque lo cierto es que no estoy seguro de que estuviera dormido, como tampoco lo estoy de que estuviera despierto. Traté, incluso contra mi propia voluntad, de olvidar este sueño con todas mis fuerzas. No me lo tengáis en cuenta. Solo en sueños soy tan deplorable. Puede que simplemente esté enfermo.
Y ese fue el sueño. Y, como es evidente, es indigno de vuestras enseñanzas y de vuestra comprensión.
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Ferran Destemple

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.
Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.
Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.






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