Estos días ando preguntándome que si realmente se me presentara un día Morfeo y me diera a elegir entre la pastilla roja o la pastilla azul, yo no tendría claro que pastilla me tomaría. Si me tomo la roja, pues ya sabemos… soy el elegido y bla, bla, bla. ¿Pero, y si me tomo la azul? Morfeo me dice que si me tomo la pastilla azul, pues… fin de la historia.
Es evidente que lo distópico, lo oscuro, lo liminal nos está absorbiendo. Es más cool pasear con Virgilio por algunos de los nueve círculos del infierno que elevarnos hacia el cielo de la mano de Beatriz. Ya Mallarme lo describió claramente diciendo que la destrucción era su personal e intransferible Beatriz.

Parece que no hay opción para la esperanza, que no podemos creer en nuestros semejantes, que somos lobos para nosotros mismos.
Ya he explicado alguna que otra vez que me gusta mucho pasear, vagabundear por la ciudad, perder el tiempo esperando acontecimientos. Los dadaístas empezaron a caminar azarosamente como acto artístico; los surrealistas deambularon en vigilia esperando que la objetividad del azar les guiara a través de una ciudad que era como una proyección onírica; los letristas y poco más tarde los situacionistas rechazaron el aspecto pasivo del caminar para optar por una actitud activa, por crear situaciones que nos desconcertaran y nos despertaran del amodorramiento del urbanismo. Por ahí andamos, perdidos, sin norte esperando alguna señal.
El otro día escuchando una conferencia sobre el pintor Michelangelo Caravaggio que impartía el Doctor José Antonio Ortiz relacioné, supongo que sincrónicamente, al pintor barroco con Pier Paolo Pasolini. No sé, intuí una actitud, un espíritu análogo, un plantarse delante de las cosas sin tapujos, sin autocensura. No es casual que por esos días estuviera leyendo sus “Escritos corsarios”, una recopilación de artículos del cineasta que escribió desde 1973 hasta su asesinato dos años más tarde. Son textos que me sorprendieron por sus planteamientos (lejos de los tópicos izquierdistas) y que denuncian la degradación de la sociedad italiana por la irrupción del consumismo que se transforma, según él, en un aún más poderoso fascismo. También me sorprendió su postura ante la familia, el sexo y el catolicismo… pero ahora eso no toca. Ahora nos centraremos en lo que él definió como “Tetta-veleta”.

Esta expresión “Teta veleta” es una expresión que Pasolini crea de niño para comunicar una sensación corporal que lo excede, para manifestar un goce que no se puede definir con las palabras. Es el cuestionamiento del lenguaje como simple comunicación, como instrumento práctico. Pasolini siempre buscará en sus manifestaciones artísticas una plasmación de lo “poético”, de aquello que va más allá de lo comunicable lingüísticamente. Se preguntará cómo puede conocer la realidad sin recurrir a la mediación verbal, cómo puede mostrar aquello no lingüístico que concierne directamente al ámbito de poético, cómo relacionar el goce, la expresión del cuerpo sin que medie la escritura.
Comenta Pasolini, que una de las formas para hacerlo es siguiendo el ejemplo del poeta francés Henri Michaux que creará una caligrafía asemántica, una caligrafía que no dice nada, pero que expresa la gestualidad del cuerpo.

El cineasta italiano observa la dificultad de manifestar ese lenguaje preverbal del goce del cuerpo (con toda la carga subjetiva que comporta, placer pero también sufrimiento) a través de un lenguaje verbal. Observa la dificultad y la pérdida que se produce al traducir mediante el lenguaje esa realidad corporal. Por ello cree que es necesario forzar el lenguaje (todos los lenguajes, también el cinematográfico) hacia lo poético y desterrarlo de la banalidad de la vida.
Más tarde encontrará ese estado preverbal de exaltación corporal, de goce y arrebatamiento, en la tradición trovadoresca provenzal que utiliza el concepto “Ab joy”
para referirse a un estado de euforia, de embriaguez, de éxtasis vinculado a la creatividad poética. Nos dice el Pier Paolo: “El signo que ha dominado toda mi producción es esta especie de nostalgia de la vida, esta sensación de exclusión, que no quita el amor por la vida sino que la acrecienta”. El “Ab joy” es un afecto vinculado a lo poético, al goce y los tormentos del cuerpo, un estado del espíritu que eleva al hombre por encima de sí mismo. Es una especie de alegría vital que renueva el ser y que no habita en el lenguaje instrumental, que se infiltra en los cuerpos para transformarlos en poema.
En este estado extático Pasolini realiza toda su obra. Sin embargo, llega un momento en que renuncia a la parte gozosa (abjura de su cinematográfica “trilogía de la vida”) para adentrarse en la parte dolorosa, para desarrollar una propuesta radical del cuerpo que no reniega del “Ab joy” sino que lo expande. Así, filmará “Saló o los 120 días de Sodoma” y escribirá Petróleo, un texto inacabado donde explica que ya no trata de escribir una historia, sino que intenta construir una forma, una forma compuesta de la energía de la “Tetta-veleta”.

Este ha sido un primer intento de introducirnos y revisar las propuestas de Pier Paolo Pasolini, que si se estudian en profundidad nos desvelan muchas más cosas de la que los tópicos nos ofrecen. Esperamos seguir insistiendo en ello y gozar del cuerpo poético.
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Ferran Destemple.

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.
Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.
Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.






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