La deriva, lo que los situacionistas llamaron la deriva, parece que no está en su mejor momento. La ciudad, que fue el escenario de esa práctica, ha quedado totalmente ocupada por el comercio y el turismo y encontrar un lugar especial, un lugar con carácter empieza a ser una tarea titánica. La deriva emigró hacia la periferia, buscando espacios liminares, fronteras con la realidad, pero la especulación inmobiliaria y las máquinas excavadoras han ido acabando con esa posibilidad. Algunos exploradores derivan por pueblos que se van abandonando, pero en general la deriva ha ido disolviéndose en la imposibilidad.
Estos días de fiestas navideñas y deseos de plástico, me han servido para perderme entre los libros de mi propia biblioteca. Pensé que quizá sería una buena idea derivar por entre ellos para ver qué pasaba. El primero que fui a buscar fue el de Roberto Calasso que lleva por título “Com ordenar una biblioteca” y que leí ya hace tiempo. Es una pequeña edición de bolsillo en catalán con una tapa verde y un diseño sobrio y elegante. Pero como se supone que iba a realizar una deriva, no lo revisé para no sentirme obligado a tener un método.

Me fui a preparar un té (ya no puedo con tanto café) y, mientras se calentaba el agua, fui repasando algunas estanterías. Yo no tengo un lugar específico para la biblioteca. Esta se halla repartida por diferentes habitaciones de la vivienda con el fin de aprovechar el espacio. En una de las estanterías del comedor tengo varios libros sobre Barcelona que voy comprando de saldo en el mercado de “Els encants” o en librerías de viejo. Mi mirada aleatoria se posa sobre un par de volúmenes de pequeño tamaño, encuadernados en tela verde y cuyo título (que solo está impreso en el lomo) es “Los viejos cafés de Barcelona”. Estos dos pequeños volúmenes están escritos por Tomás Caballé y Clos y publicados en 1946 por Ediciones Albón. Hay que resaltar que contiene numerosas fotografías de los cafés que nombra, estampadas en un extraño color magenta. Es un libro interesante donde se explica como nacen los cafés en la ciudad condal y nombra lugares y personajes pintorescos. A resaltar el de José Cuyás, que fue el primero en dignificar el café como lugar de reunión, y creó lo que hoy conocemos como el restaurante “Les set portes”.


Vuelvo a dejar los libros en la estantería. En casa tenemos los libros ordenados de aquella manera. La mayor parte está ordenada por temas y por autores. Escasea la novela y los libros de relatos. La poesía se encuentra en el lado opuesto, junto con las biografías y tampoco tienen un orden más allá del género.
En mi pequeño despacho o estudio o lo que sea, tengo los libros que utilizo para trabajar, que son de todo tipo y que están ordenados cronológicamente. Comienza la ruta por “La Historia empieza en Sumer”, un clásico de Samuel Noah Kramer y acaba en los tiempos actuales. En esta parte de la biblioteca (que es el típico mueble de Ikea) se mezclan historia, poesía y ensayo. También alguna novela. Regreso al comedor y hablando de novela alcanzo “Q”, una publicación de bolsillo de la editorial Random House Mondadori. Lo curioso de esta novela (que se puede encontrar de saldo fácilmente) es que está escrita por Luther Blissett. Blissett no es un individuo, Blissett es un nombre abierto o múltiple que surgió en los años noventa. Es un nombre que cualquiera puede utilizar para ocultarse. Si tenéis curiosidad entrad en alguna red social y escribid su nombre.

“Q” fue escrita por un colectivo italiano que ahora se denomina Wu ming y que ha escrito, bajo ese nombre, algunas e interesantes obras.
De nuevo dejo el libro en su lugar y mi mirada azarosamente recorre el espacio. Sobre un mueble tenemos algunos libros de viejo. Hay unos cuantos del poeta Juan Eduardo Cirlot, otros cuantos curiosos y no muy conocidos de Camilo José Cela. Una segunda edición firmada de “Incerta gloria” de Joan Sales que conseguí por casi nada, también en “Els encants” y este que comento ahora. Este libro estaba un tanto destrozado. Gracias a algunos tutoriales conseguí arreglar la portada y ponerle guardas nuevas. La verdad es que no ha quedado mal. Se trata de un libro de Enrique Jardiel Poncela que se llama “Máximas mínimas”. Es un libro de 535 aforismos sobre “temas que, por no estar de actualidad, están siempre de actualidad”. Está editado con mucho gusto por “Luis Miracle editor” en 1937. Mirando, ahora, por internet veo que ha sido reeditado recientemente por la editorial Renacimiento.


Dejo el libro en su lugar y, prácticamente a su lado, encuentro uno que he comprado, hace apenas unos días, en la librería “La Quimera” en Tarragona. Es un libro curioso porque es una “edición fuera de comercio”, realizada en 1959 especialmente para el sector Médico. Entiendo que la editorial “Margen” publicó nada menos que “La guerra de los mundos” de H. G. Wells gracias a los anuncios publicitarios de algunas empresas farmacéuticas que están repartidos por todo el volumen. Anuncios de “Bronco-Piristina”, de “Cardiazol”, de “Godafilin sedante”, de “Miltamato amfetamina”. Nunca había visto una novela que estuviera sufragada por empresas de un sector económico concreto. Aunque el libro es curioso y me costó muy barato, he de deciros que el papel es de baja calidad y no está en muy buen estado.


Iba a terminar el texto aquí, pero visto que el señor Trump tiene ganas de gresca no puedo dejar de volver a nombrar el libro de Miguel Ángel Asturias “El señor Presidente”. Tengo la edición de Losada de 1995 encuadernada en algo que parece piel, pero que es algún tipo de plástico. Es un libro de difícil lectura, pero imprescindible.

A mí, personalmente, aún me gusta más “Leyendas de Guatemala” que muestro en una edición de los “Crisolitos” de la editorial Aguilar, impreso en 1968, en papel biblia y con la inevitable introducción de Paul Valery. La editorial Aguilar realizó una gran labor de difusión después de la guerra civil española, al editar clásicos a precios asequibles. Hemos de tener en cuenta la mala calidad del papel en aquellos tiempos por lo que la editorial pensó que el papel biblia sería una buena alternativa. Y así fue.
Los llamados “Crisolitos” tienen un tamaño de 8 x 6 cm y puedes encontrarlos fácilmente.
El escritor guatemalteco denunció ya en los años 20 el papel intrusivo de los EE. UU. en Latinoamérica apoyando a dictadores de la peor calaña. Las obras de Asturias, aunque tienen ese componente político, no por ello se convierten en un panfleto y son obras que trabajan como pocos con el lenguaje narrativo y poético propio.


Bueno, por hoy lo dejaremos aquí. Me he alargado demasiado. Este ha sido un primer recorrido por mi biblioteca. A modo de Xavier de Maistre, recorro cada rincón, cada resquicio, cada portada de los libros y me dejo llevar por los recuerdos y los pensamientos que me transmiten. Si no tienes nada mejor que hacer… ¿Por qué no lo pruebas tú también?
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Ferran Destemple.

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.
Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.
Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.





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