Estamos en un viaje. Parece que ahí afuera no hay gran cosa interesante. Parece que todo ocurre alrededor de mi cuarto. Parece que los libros, al fijar la mirada en mi biblioteca, se mueven, se trasladan. Aquel, que debería estar aquí, ahora está en aquel otro estante. El que ahora busco, “El estrangulador” de Manuel Vázquez Montalbán no está en su lugar ¡Estoy seguro de que estaba en el tercer estante de la izquierda!, pero después de maldecir y rebuscar lo encuentro al lado de “Agujero llamado Nevermore”, una antología de poemas de Leopoldo María Panero. ¡Algo ocurre! ¿No?

Pero intento tranquilizarme. Me dejo caer en el viejo sillón rojo que tengo en mi estudio y me sirvo un “Jameson”. Escucho la música que surge del ordenador y me relajo. Recuerdo que en un anterior artículo hablé de la deriva, de la deriva también en la biblioteca de uno ¿Es quizá eso lo que pasa? ¿Es quizá que mi biblioteca me está poniendo en cuestión, me está diciendo que no quiere ser un objeto fijo, estable, inmutable? ¿Ocurre, como en el cuento de Maupassant “¿Quién sabe?”, que el protagonista parece volverse loco al observar cómo todos sus muebles cobran vida propia y un día abandonan su casa y se marchan calle abajo? No sé… no sé… me huele mal la cosa…

LA BIBLIOTECA COMO ORGANISMO VIVO

Creo que ha llegado el momento de observar mi biblioteca y pensar que no es solo una acumulación ordenada o totalmente desordenada de libros. Quizá mi biblioteca, que es una extensión de mi mente, deba ir mutando, desordenarse para volverse a ordenar, convertirse en fluida, en algo orgánico que se transforma cuando yo me transformo, que tiene dudas, que parece que cambia de opinión, de lugar, de color y de forma. Quizá mi biblioteca deba adaptarse a mi estado de ánimo. O quizá, más perversamente, sea yo quien deba adaptarse al humor, al carácter de mi biblioteca.

Ordenar una biblioteca puede ser una tarea titánica o bien un simple juego de azar. Cada cual es cada cual y opta por un orden convencional. La verdad es que yo cada cierto tiempo saco los libros de los estantes, les quito el polvo, miro atentamente sus portadas (otro día hablaremos de las portadas de los libros) y hago montones por el suelo. Luego pienso en cómo voy a agruparlos, en cuál será el criterio que aplicaré para volver a ordenarlos. Al principio uno es muy estricto y quiere ser una especie de bibliotecario doméstico. Luego, uno ve las múltiples posibilidades y empieza a romper tabúes y creencias. Disfruto mirando los libros, observando atentamente como el tiempo también deja su huella en ellos, como envejecen al mismo ritmo que yo envejezco…

¡QUÉ OCURRE DEBAJO DE LA MESA?

El otro día, con todos los libros por el suelo y el gato mirándome extrañado, observé que, casualmente dos libros se hallaban juntos debajo de la mesa ¿Me los estaba olvidando? ¿Querían huir a un lugar mejor? Me arrastré debajo de la mesa y los recogí. Eran dos libros que, a primera vista, no tienen mucho que ver, y que, por tanto, no debería poner juntos. Uno era “Memorias del diablo” de Roger Vadim, una autobiografía del cineasta francés de origen ruso que estuvo casado con Brigitte Bardot, Annette Stroyberg, Jane Fonda y Marie-Christine Barrault y que tuvo romances con Catherine Deneuve y Sylvia Kristel, entre otras. En la contraportada leo las palabras de Vadim: “Yo soy un diablo que crea y plasma la belleza. Un diablo que transforma a jóvenes e inocentes muchachas en diosas de dos dimensiones…” Debajo de este volumen recojo “A contrapelo” del escritor decadentista francés de finales del XIX Joris-Karl Huysmans, de la editorial Cátedra

Siempre he pensado en este libro, como en un libro de cabecera, pero he de reconocer que llevo muchos años sin releerlo. No hace mucho encontré en una librería de viejo un ejemplar de 1919, en bastante mal estado, de la editorial Prometeo. Este ejemplar tiene un prólogo de Vicente Blasco Ibáñez y fue traducido como “Al revés”.

SPLEEN Y HEDONISMO

Así de golpe, por mediación del azar, me encuentro debajo de la mesa del comedor mirando la biografía de Roger Vadim y la obra cumbre de la estética decadentista escrita por otro francés Joris-Karl Huysmans. ¿Es eso una casualidad, es una advertencia, una broma? ¿Pueden tener algo en común? En un principio yo no los relaciono, pero hago una consulta al mago de los tiempos presentes, la IA de turno, que me explica que esa es una “vecindad fascinante, que aunque a primera vista parecen mundos opuestos (el glamour del cine francés de los años 50 y 60 frente al decadentismo oscuro de finales del siglo XIX) podemos encontrar unos hilos invisibles que los conectan estrechamente”. Según Gemini, aunque los dos libros están separados temporalmente por más de medio siglo, ambos tratan sobre hombres que se niegan a aceptar la realidad que les ha tocado vivir y deciden fabricar su propia versión de la belleza, sin importarles la moral y las costumbres de su época. Son dos dandis. El primero es el protagonista de “A contrapelo”, el duque Jean Floressas des Esseintes, que se encierra en su castillo de Fontenay para aislarse del mundo y huir de una sociedad que aborrece y, allí, construir su paraíso artificial lleno de perfumes, colores y libros raros. El segundo, Roger Vadim, se presenta como un dandi moderno. No se encierra en su casa, sino en el set de rodaje, pero su objetivo es el mismo: rodearse de una belleza idealizada (cambia perfumes, colores y libros raros, por sus musas de celuloide: Bardot, Deneuve, Fonda) para crear un mundo de hedonismo que desafíe la gris moral de la posguerra.

“A contrapelo” fue tildada de la biblia del decadentismo y es el libro que corrompe a Dorian Grey en la novela de Oscar Wilde. Vadim con sus películas y su vida privada encarnó a un diablo libertino que cambió la percepción de la libertad y el deseo.

Me quedo sorprendido ante la visión que me presenta mi amiga artificial, aunque creo que no se pueden comparar la profundidad y la evolución de uno y otro artista. Vadim, simplemente disfrutó de la vida y de lo que esta le ofrecía. Huysmans tuvo una evolución mucho más compleja, que fue del primer naturalismo de Zola, pasando por el decadentismo finisecular, para acabar en una especie de conversión cristiana medieval. Huysmans siempre estuvo insatisfecho con su entorno, siempre sufrió aquel spleen que nombró Baudelaire, pero que nunca pudo apaciguar.

No quiero extenderme más. La biblioteca seguirá mutando, transformándose y cambiando de forma. Puntualmente, os iré informando y si no lo hago, si un día os dais cuenta de que ya no publico ningún texto, no es quepa duda, que será debido a que la biblioteca me habrá engullido y yo estaré entre sus anaqueles.

(Artículo anterior)

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Ferran Destemple.

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.

Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.

Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.

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