el Mediterráneo desafina mientras hierve

El Mediterráneo se calienta. Supera los 30 °C en determinadas zonas y sus aguas, sometidas a una transformación acelerada, empiezan a parecerse menos a un refugio de biodiversidad que a un laboratorio de extinción a cielo abierto. Mientras numerosas especies autóctonas agonizan bajo unas condiciones que ya no pueden soportar, cerca de un millar de especies invasoras alteran el equilibrio de la cuenca. El mar cambia de habitantes, de ritmos y de naturaleza. No hace falta invocar ninguna distopía, el experimento ya está en marcha, aunque nadie haya preguntado a sus habitantes si querían participar.
De ese paisaje nace Bahr-Al-Rum, título que significa en árabe «el mar de los romanos», el nuevo trabajo de Orquestracions Dissonants Internes, publicado por La Náusea Records. Una propuesta que se aproxima a la crisis ecológica mediterránea sin recurrir a la ilustración musical de la catástrofe ni a la solemnidad impostada del réquiem ecologista. Aquí no hay necesidad de ponerle banda sonora al desastre, basta con escuchar cómo se descompone la idea de armonía.
La instrumentación reúne un Theremini MOOG, un theremin, saxos alto y tenor, un spring drum y un artefacto musical de fabricación propia, construido a partir de percusiones, latas, una caja de madera, cadenas, hierros y otros materiales. Un conjunto de fuentes sonoras que rehúye las jerarquías instrumentales convencionales y explora las posibilidades expresivas de lo inestable, lo áspero y lo imprevisible. Las oscilaciones electrónicas, las resonancias metálicas, el aliento de los saxos y las vibraciones de objetos cotidianos se encuentran en un territorio donde el sonido deja de obedecer a las expectativas de la música convencional para convertirse en materia viva, en fricción y en movimiento.
La elección de estos instrumentos no es un simple catálogo de rarezas ni una declaración de principios para iniciados en los márgenes de la experimentación. Cada timbre abre una posibilidad distinta de habitar el espacio sonoro. El theremin dibuja oscilaciones espectrales sin contacto físico; los saxos pueden abandonar su función melódica para explorar la respiración, el ruido y la textura; los metales, las cadenas y las superficies percutidas incorporan un materialismo en sintonía con que toda vibración necesita un cuerpo, un medio y una energía que la ponga en marcha. Entre estos elementos se construye un ecosistema acústico propio, sometido a tensiones, interferencias y transformaciones.
En Bahr-Al-Rum, el Mediterráneo no es una postal azul, ni un escenario mitológico, ni un decorado sentimental de civilizaciones desaparecidas. Es un espacio en conflicto, una masa de agua que acumula las consecuencias de nuestra relación con el entorno y en la que las fronteras entre lo autóctono y lo invasor, lo estable y lo alterado, lo reconocible y lo extraño adquieren una dimensión inquietante. La disonancia se convierte así en algo más que un recurso estético, es una forma de aproximarse a un mundo cuyo equilibrio ya no puede darse por sentado.
Porque un ecosistema no es una composición cerrada, pero tampoco una superficie infinitamente disponible para cualquier transformación. Cuando sus condiciones cambian demasiado deprisa, la adaptación deja de ser posible y la supervivencia se convierte en una negociación desigual. La experimentación sonora permite acercarse a esa incertidumbre sin traducirla en un discurso didáctico ni reducirla a una colección de efectos reconocibles. En lugar de explicar el desastre, propone escucharlo desde otro lugar.
Orquestracions Dissonants Internes trabaja precisamente en ese límite, donde el sonido se desprende de sus funciones habituales y se abre a otras formas de percepción. Bahr-Al-Rum plantea una escucha que no busca necesariamente refugio en la belleza, sino que acepta la aspereza, la inestabilidad y la extrañeza como materiales legítimos de creación. Una música que no necesita imitar el ruido del mundo porque trabaja con las mismas fuerzas que lo hacen vibrar.
Publicado por La Náusea Records, Bahr-Al-Rum invita a sumergirse en un Mediterráneo que ya no puede entenderse únicamente como cuna de civilizaciones, vía de intercambio o horizonte de vacaciones. Bajo la superficie persiste otro relato, el de un ecosistema sometido a una transformación profunda, donde la vida negocia su continuidad en condiciones cada vez más hostiles. Y mientras el agua se calienta, las especies desaparecen y otras ocupan su lugar, Orquestracions Dissonants Internes levanta una arquitectura sonora sin promesas de reconciliación.
Quizá escuchar también consista en eso, dejar de exigirle al mundo que suene como esperamos.




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