Xenomorphismos: carne, circuito y resonancia abisal
En Xenomorphismos, Coli7 y Cesc Fortuny i Fabré se sumergen en un territorio donde la música deja de ser estructura para convertirse en organismo. Un álbum que suena como si H.R. Giger hubiera diseñado un instrumento: carne pulsando en sincronía con la máquina, respiraciones que emiten frecuencias imposibles, algoritmos que se desangran.

Coli7 —también conocido como Blas Martínez— exprime la Roland MC-505 hasta el límite de su arquitectura digital. No busca melodías, sino fracturas. No hay beats, hay descargas eléctricas que se doblan sobre sí mismas, texturas que se arrastran como exoesqueletos en una cueva húmeda. Desde la sierra de Aracena hasta los márgenes de la experimentación sonora en Cataluña, Coli7 ha transitado el techno, el drum & bass y el noise como quien disecciona una criatura para ver cómo late por dentro. Xenomorphismos es la culminación de esa exploración: una arqueología del sonido donde el groove se convierte en respiración alienígena.

Frente a ese paisaje sintético, Cesc Fortuny i Fabré aporta el contrapunto orgánico: el saxo tenor reducido a puro residuo de aire, un eco mineral que atraviesa la maquinaria. Fortuny, artista multidisciplinar, poeta y experimentador, construye atmósferas que no pertenecen al mundo humano. Sus drones son exhalaciones que flotan en el vacío, invocaciones hechas de metal y soplo. Su universo literario —donde conviven el terror, la filosofía y la ruina tecnológica— se filtra aquí en forma de sonido.
El resultado es un trabajo conceptual sobre la estética Gigeriana, una exploración sonora del transhumanismo, los biomecanoides y las zonas grises donde lo biológico se funde con lo digital. Xenomorphismos no es solo un disco: es un viaje por los túneles húmedos del subconsciente, una deriva por ese rincón del sótano que preferirías no abrir.
En tiempos donde la música tiende a lo predecible, Coli7 y Fortuny entregan un manifiesto de desintegración: una obra que vibra entre el horror y la trascendencia, entre el drone y el grito.
Xenomorphismos es el sonido de la mutación.
Es el susurro del metal cuando empieza a soñar con la carne.





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