Después de nosotros, el Dios salvaje”

William Butler Yeats

¿Cómo anda todo por ahí afuera? Ya sé que siempre hay alguien, que siempre hay gente que circula arriba y abajo, que la circulación lo es todo, que si estamos parados, estamos muertos. La vida es un no parar y el que se para es sacrificado. Ahí afuera ocurren muchos hechos a los que no damos crédito, que aunque seamos conscientes de que ocurren nuestro cerebro no puede procesarlos, no puede asimilarlos y entonces quedan como en un segundo plano de la realidad, en la trastienda. La realidad sería como una cebolla. Siempre me ha gustado esta comparación. Puede parecer una comparación burda, trivial, pero me parece muy acertada.

La realidad como cebolla.

Digo que la realidad es como una cebolla porque creemos que una cebolla tiene un núcleo, un corazón sólido, pero es, literalmente, un conjunto de capas. Si vas quitando capas a la cebolla, buscando esa esencia, verás que al final te quedas con nada.

La realidad sería algo parecido: un conjunto de sucesos, capas de historia y de tiempo que, conforme vas arrancando, te desvelan el vacío, la desolación de una nada que nos negamos a creer. Las capas de la cebolla podrían interpretarse como simulaciones establecidas gracias a las convenciones que somos capaces de crear. La realidad se sostiene meced a las columnas de la fe. Fe en muchas cosas: fe en las creencias religiosas, pero también fe en la historia relatada, en hechos contados que nunca fueron como decimos que fueron, fe en el dinero, fe en el ser humano…

La aparición de Ubú.

Mientras todo se sustenta y, mientras todos creemos y tenemos fe parece que todo funciona. Nuestro subconsciente cree en lo que cree el hombre moderno y, así, la modernidad continúa adelante.

Ubú, que hizo su aparición de la mano y de la mente de Alfred Jarry en 1896, es un ser grotesco con una barriga enorme que solo busca acumular riquezas. Es la encarnación de los instintos más bajos y sucios del ser humano. Es cobarde y de una crueldad gratuita, que mata a quien se interpone en sus planes, pero que huye ante cualquier peligro. Es el dictador ridículo, esperpéntico que todos nosotros llevamos dentro y que aparece en determinadas circunstancias.

El legado del padre Ubú es la ciencia de la Patafísica. Esa ciencia es la “ciencia de las soluciones imaginarias” que fue definida en el libro “Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico” y que desde entonces ha servido como antídoto al pensamiento rígido de la lógica científica. Es una ciencia que no se ocupa de las leyes generales del universo, sino que, al contrario, se ocupa de las excepciones. En 1948 (muerto Jarry) se fundó “El colegio de Patafísica” que se dedica a la investigación de lo inútil.

El hambre, la cebolla y la Patafísica.

Si la realidad es una cebolla, la patafísica es la ciencia que estudia por qué esa cebolla, es decir la realidad, decidió ser cebolla en lugar de cualquier otra cosa, como por ejemplo una guitarra eléctrica, Elvis Presley, o una catástrofe ferroviaria. Es una herramienta de gran precisión para mirar las capas de la realidad no como verdades absolutas, sino como invenciones caprichosas del universo o como creaciones convencionales interesadas del ser humano.

El padre Ubú tiene hambre. La Gidouille (esa famosa espiral que lleva dibujada en su vientre) está centrifugando el universo y provocando el caos primigenio y circular. Esa forma representa la fuerza anárquica, caprichosa y creativa de la digestión de la cultura. Es el centro caótico, un estómago grotesco que deglute todo lo que encuentra y que luego lo regurgita para que se expanda como un virus. El padre Ubú tiene hambre y con su glotonería construye las capas de la cebolla.

¡Mierdra! ¡El padre Ubú reina de nuevo!

Ya he comentado que Ubú es un estómago con corona, un ser ridículo y extravagante que no opera bajo la lógica de la diplomacia, sino bajo la tiranía de la Gidouille.

El padre Ubú quiere conquistar Polonia, porque “Polonia es ninguna parte”, es un no lugar, es una construcción mental del deseo. Cuando decide conquistar Polonia lo que está haciendo es conquistar el espacio público intelectual y espiritual. Y para ello, utiliza el lenguaje y los malos modos. Para él, el lenguaje es un arma demagógica que desafía toda lógica y razón. Es un lenguaje basado en la hipérbole, en la tergiversación descarada y burda, en la negación de la eficiencia y todo ello para construir capas ficticias en nuestra redonda y pesada realidad.

La ley de Ubú no busca gobernar, sino que quiere anular la distinción entre lo verdadero y lo falso, convirtiendo el debate en una farsa grotesca donde uno no sabe si reír o echarse a llorar.

Pelar la cebolla.

Nuestro investigador privado favorito, Víctor Neige, está en estos momentos muy ocupado siguiendo el rastro de vicepresidente de EE. UU., J.D. Vance que se encuentra en un estado mental algo alterado debido a alguna sustancia psicotrópica que, dicen, que los reptilianos le han obligado a tomar. Neige no puede en estos momentos encargarse de investigar como la panza de Ubú regenera el universo, pero sabemos que en cuanto tenga más tiempo disponible nos echará un cable. Actualmente, sigue de cerca los pasos de Vance y los archivos de los UAP (Fenómenos Anómalos No Identificados) para discernir si lo que siempre hemos creído seres de otros planetas son aliens o demonios “que vuelan y le hacen cosas raras a la gente”.

Neige nos confiesa que “observar la realidad es como pelar una cebolla. Cogemos el cuchillo y quitamos capa tras capa, pero al final no encontramos nada. Después de pelarla y observar nuestro fracaso, el universo está en nuestra mesa descompuesto, nuestros ojos están enrojecidos y no podemos evitar echarnos a llorar”.

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Ferran Destemple.

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.

Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.

Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.

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