La poesía de Rolando Revagliatti está hecha de paradojas, retruécanos, juegos de palabras, insolencias, puesta en escena de contradicciones. Pero este modus operandi no apunta sólo contra las palabras sino también contra el sujeto mismo de la enunciación.

Y diré más: el revólver verbal del poeta apunta contra el hombre de carne y hueso. No cualquier hombre: pone en jaque a la humanidad y al sujeto que habla; el poeta pone el cuerpo, dice y se burla de sí mismo. En este sentido, el poema para Revagliatti es una palestra en la que discute y pelea el poeta con él mismo, con “su” yo y con el deseo.

En este libro, el deseo aparece desnudo y disfrazado, dicho y entredicho, puesto en el escenario y jaqueado. Como el deseo es aquello que no se puede decir, el autor usa todos los caminos a sabiendas de que el fracaso kafkiano está delante y detrás de su cometido. Pero insiste, y busca una fuga que le permita unir el sentido con el sonido, el hoy con el ayer, el placer con el dolor de no poder concretar el deseo:

Desnudo

me entreví

siguiéndome

la pista

disfrazado.


Algunos versos se aproximan a la sentencia o al aforismo:

Todo lo que tocas de mí

me es ajeno.


Pareciera que el pájaro y la pájara que canta hasta morir en la poesía es el Gran coito ilustrado o deslustrado:

La juventud

se va

La ancianidad

se queda.

Nuestros cuerpos

nos luchan.


El deseo es eterno y los cuerpos son mortales. Al final, pareciera que el único problema es la decrepitud. Ni siquiera el final termina con el deseo, con ese dios inquieto que nos domina. Las flechas del pequeño dios son cortas pero largas, intensas e inasibles. Eros, como dijo Safo, es dulce y amargo, es inmortal y pérfido. Los mortales lanzan todas las flechas que ya ha lanzado eros, y no pueden asirlo ni aniquilarlo.


Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo’
Editorial Leviatán, Buenos Aires, 116 páginas, junio 2024.

El anverso y el reverso, el antes y el después, el costado y su sombra: los aspectos que son falsos exergos, dirá el poeta, aparecen desdoblados y presentes en sus pliegues en los poemas breves y en los retruécanos. El humor, acaso la flecha que descomprime el mundo, le ayuda a sortear los escollos en el camino del deseo.

El tranvía en el que viaja el poeta es el mismo que lo pisa y que aplasta al lector: El lector, agradecido, siente que el tren llamado deseo es imparable y es de hierro.

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En cuanto al autor del poemario, Rolando Revagliatti:

Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos, relatos y microficciones y dieciocho poemarios. En ediciones digitales se hallan los seis tomos de su libro “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”, conformados por 159 entrevistas por él realizadas. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com

Otros libros de Rolando Ravagliatti:

En cuanto al autor de la reseña, Fabián Soberón:

Fotografía extraída de SurySur

escritor, cineasta, crítico y profesor universitario. Ha publicado La conferencia de Einstein, Vidas breves, El instante, Mamá, Ciudades escritas, Cosmópolis, Edgardo H. Berg y Naranjo esquina. Ganó dos veces la Beca a la Creación (FNA) y el 2do Premio del Salón del Bicentenario. Colabora con revistas de Nueva York, Miami y Buenos Aires. Fue invitado al Brooklyn Book Festival y al Festival de la Palabra (Puerto Rico). Parte de obra fue traducida al inglés, francés, italiano, rumano y portugués. Como director de cine, realizó Hugo Foguet. El latido de una ausencia, Ezequiel Linares, Luna en llamas (Sobre Inés Aráoz), Alas (Sobre Jacobo Regen), Groppa. Un poeta en la ciudad, El viento sopla (2023) y Soy Bernabé Aráoz (2024), entre otros.

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