En estos artículos hemos estado dándole vueltas a lo que se mueve por ahí afuera. Hemos visitado exposiciones, hemos ido a algunos conciertos, a lugares y tiendas curiosas. Hemos rastreado emplazamientos esotéricos y comentado algunos libros. También nos hemos aproximado a espacios más cercanos e íntimos, como puede ser la propia biblioteca. Todo ello sin un método científico, confiando en las sincronicidades, en los azares y en las coincidencias.


«A partir de ahora vamos a intentar viajar también con la imagen y el sonido. Unas imágenes y unos sonidos que se realizarán gracias a pequeñas colaboraciones, a pequeñas sumas de esfuerzos para intentar ofrecer una creación con entidad propia, huyendo de los prejuicios categoriales. Creo que llamaremos a esa serie de videos “Panóptico”.»

Hace unas pocas semanas en unos de esos paseos que se están volviendo imprescindibles descubrí en el barrio de Gracia una fanzinoteca (lafanzinoteca.net). Para llegar ahí desde la estación de Sants fui andando, ya que quería ver cómo se encontraba actualmente el Pasaje Arcadia. Ya hacía unos años, desde la covid, que no pasaba por allí.

El pasaje Arcadia fue proyectado en 1945 por el arquitecto Josep Maria Sagnier i Vidal y tiene un aire neoclásico y racionalista. Se empezó a construir en el año 1956 y se finalizó en 1960 y se ha ido manteniendo (con los predecibles auges y caídas) durante todos estos años. Fue punto de referencia especialmente en los años 60 y 70, en la época de la llamada “Tuset Street” donde reinaba la “Gauche Divine” en Barcelona. El pasaje Arcadia comunica la Calle Tuset, por encima de la Diagonal, con la calle Balmes y es de propiedad privada. Destacan las viejas vitrinas y el suelo de mármol, algunos negocios de “viejo” y otros de nueva factura.

Pero bueno, me estoy liando. Qué es esto de volver a dirigirme hacia el afuera. El afuera ha de servir para observar el interior y para ello tenemos algunos de los mejores expertos, agentes psíquicos que se desplazan telepáticamente de un ser a otro, investigando nuestros pensamientos más íntimos. Recuerdo que por estas páginas han pasado varios: el investigador psíquico Víctor Niege ha sido un actor que se ha movido discretamente por estas páginas. Alberto Lamas, periodista de lo mínimo, de lo anecdótico, de lo concreto nos ha proporcionado visitas a lugares que creíamos desaparecidos, que no pensábamos que existieran. Luther Bliset con sus citas, con sus aforismos y pensamientos extraordinarios nos ha brindado momentos de lucidez. A estos y a otras personalidades fuera del tiempo, les debemos nuestros artículos. Recientemente, se ha añadido a la nómina de telépatas, Rita Cooper, una investigadora de una agencia secreta que roba nuestros sueños para estudiarlos detenidamente y, estadísticamente, regular nuestros deseos.

El viaje interior, sea alrededor de nuestro cuarto, de nuestra biblioteca, de nuestra ciudad o de nuestros o vuestros pensamientos debe potenciarse desde estar páginas, desde esta revista cultural.

Rita Cooper en su informe desde la Interzona del Pasaje Arcadia, nos comenta que es imprescindible ver el Pasaje como si fuera una especie de cámara de descompresión, como si fuera un umbral, como el espacio donde se da un rito de paso. Uno entra por la calle Tuset… y sale por la calle Balmes convertido, transformado…

La agente Cooper nos informa de cómo, allí, el tiempo es inestable, de cómo los lugares vacíos desde hace meses esperan al nuevo visitante para arrastrarlo a un vórtice variable e inconstante. Observando los elementos, los instrumentos de los contundentes aparadores, identificamos nuestros antiguos recuerdos, nuestras aventuras ajenas. Aunque no nos demos cuenta ha empezado nuestro viaje interior, el desplazamiento por nuestra psique colectiva. El reinante silencio permite que nuestra voz interna empiece a contarnos la verdad revelada.

“No hemos de considerar el viaje interior por ese Pasaje como una introspección estática…” – escribe Cooper en su informe – “… si no como una introspección dinámica, como un movimiento mental a través de dimensiones que desconocemos.”

Para que nuestro paso de rito sea fructífero y tenga sentido necesita que nos desplacemos, que transitemos por esa otra cara del espejo. No podemos olvidar que el 27 de abril del año 1957 se inauguró en dicho Pasaje el desaparecido cine Arcadia y que se estrenó con una obra clásica del cineasta alemán Max Ophüls que había muerto, curiosamente, ese mismo año. A partir de 1967, el cine Arcadia se convirtió en una sala de arte y ensayo, en un espacio de resistencia cultural. Era en ese “adentro” donde los barceloneses se refugiaban de ese afuera triste y gris. El cine siguió programando películas hasta que el 31 de julio de 1998 cerró definitivamente sus puertas para convertirse en un gimnasio de la cadena Holmes Place.

En su informe, la agente Cooper, nos comenta como al reflejarse en los cristales de antiguos comercios su imagen se transforma, como siente que aunque es la misma persona algo se está diluyendo, como ve diversas posibilidades de su yo en las imágenes ectoplásmicas que le devuelven los aparadores. Silenciosamente, como si flotara, se desliza sin esfuerzo por el pulido suelo de mármol del Pasaje y se va convirtiendo en una observadora del espacio-tiempo: se separa del pasado para irse convirtiendo en un ser del futuro.

Cooper considera que el Pasaje Arcadia es un umbral, un espacio “entre” los espacios, un estado ambiguo donde ya no eres lo que eras, pero todavía no eres lo que vas a ser. Es una zona liminal, una Interzona, un lugar público, pero estancado en las dimensiones, real pero también “fantasmal”, un espacio a la deriva, donde solo los agentes psíquicos adecuadamente formados pueden actuar porque en los umbrales, en los espacios liminales, las reglas de la lógica se suspenden y el ser se transforma.


Ahora, se ve la calle al final del Pasaje y nos reintegramos a la ciudad. La calle Balmes, más ruidosa y concurrida, nos espera. Hemos cruzado el “túnel”, el “rito de paso” y reaparecemos en la realidad con una nueva identidad, con una compresión renovada, con una mirada distinta. Hemos abandonado nuestra identidad de “flaneurs”, de paseantes del exterior, para convertirnos en observadores del “adentro”. Ahora nos dirigimos a la fanzinoteca, al punto de nuestro destino… pero eso, eso, es otra historia.

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Ferran Destemple.

Soy filólogo de formación, pero siempre he rebuscado en lo visual y en lo sonoro aquello que el texto no me llega a ofrecer. Para mí no hay jerarquía entre estos elementos, se mezclan, se arañan o se fusionan mejor o peor dependiendo del soporte. El soporte determina el contenido y el contenido busca el soporte adecuado.

Destripar los interiores del texto, del sonido y de las imágenes y volverlos a montar, como si de un monstruo de Frankenstein se tratara, es un divertimento al que no pienso renunciar.
Me considero un amateur y eso me libera de angustias y obligaciones y me permite fracasar y equivocarme más y mejor.

Si os pica la curiosidad podéis visitar la web de AutismosAutomáticos que coordino al alimón con Pepa Busqué.

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