La concepción convencional moderna de la «rabia» – como emoción individual- nace de fuentes metafísicas que se apartan del mundo helénico (μῆνις [cólera], en la frase con la que se inicia la literatura, sin tener en cuenta los fragmentos en lineal micénico, «[…] Μῆνιν ἄειδε, θεά, Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος […]» [«[…] Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles […]»] [M. Detienne en Les maîtres de vérité dans la Grèce archaïque, 1967, 70-85]): Illouz, Honneth y Butler recuperan, en sus estudios actuales, una especie de μῆνις secularizada.

La «ira», en el De ira de Séneca, se individualiza, convirtiendo en latente su dimensión sociojurídica: «[…] Qui iratus est, non regit se, sed a passione regitur […]» («[…] Quien está airado no se rige a sí mismo, sino que es regido por la pasión […]») (I, 2); la emoción (individual) arrolla la racionalidad (individual); es necesario un control (individual) de las emociones: «Frenanda est ira, non effugienda; temperanda, non indulgenda» («Hay que refrenar la ira, no huir de ella; hay que moderarla, no ceder ante ella») (I, 19).

La literatura cristiana sigue de cerca a Séneca: Agustín es sintomático cuando declara en De Civitate Dei: «[…] Ira enim non est iustitia sed perturbatio animi […]» («[…] Pues la ira no es justicia, sino perturbación del ánimo […]») (XIV, 28); Tomás insiste en la Summa Theologica: «Ira est affectio, quae per concupiscentiam promptitudinem ad ulciscendum excitat, et quia inclinatio ad iram sine ratione detrimentum efficit» («La ira es una afección que, mediante la concupiscencia, excita la prontitud para vengarse, y porque la inclinación a la ira sin razón causa detrimento») (II/II, Q. 158), subordinando el control de las emociones a la teología moral. Existen otras referencias -menos significativas- en Casiano (Collationes, II), Gregorio Magno (Moralia in Job, I, 7) o Casiodoro (Institutiones divinarum et saecularium litterarum, II, 4) como nexo entre Séneca y los cristianos.

El liberalismo moderno no se aparta, sobre el tema de la rabia, del mundo antiguo y medieval: Hobbes, en el Leviathan de 1651, concibe la rabia (anger) de la siguiente manera: «[…] The passions that incline men to peace, are fear of death; desire of such things as are necessary to commodious living; and a hope by their industry to obtain them. And the passions that incline men to war, are principally diffidence and anger […]» («[…] Las pasiones que inclinan a los hombres hacia la paz son el miedo a la muerte, el deseo de las cosas necesarias para una vida acomodada y la esperanza de obtenerlas mediante su industria. Y las pasiones que inclinan a los hombres hacia la guerra son principalmente la desconfianza y la ira […]») (XIII, 88), donde las emociones (individuales) carecen de un significado sociojurídico.

Locke demoniza el anger al afirmar: «[…] The great and chief end of men’s uniting into commonwealths, and putting themselves under government, is the preservation of their property; which without a common judge is in continual danger from the passions of men, especially anger […]» [«[…] El fin grande y principal de que los hombres se unan en estados y se pongan bajo gobierno es la preservación de su propiedad, la cual, sin un juez común, está en continuo peligro debido a las pasiones de los hombres, especialmente la ira […]»] [Two Treatises of Government, 1689 (IX, §123)].

El liberalismo moderno no transige con el papel de la rabia como antipolítica o amenaza al orden, ni con el papel del Estado en su neutralización (individuo frente a Estado): Pufendorf (De jure naturae et gentium, 1692); Burlamaqui (Principes du droit naturel, 1747); Cumberland (De legibus naturae, 1972); Montesquieu (De l’esprit des lois, 1748); Hume, en el Treatise, concluye: «[…] The passions of love and hatred are always followed by, or rather conjoin’d with benevolence and anger […] As hatred produces a desire of the misery and an aversion to the happiness of the person hated […]» («[…] Las pasiones del amor y del odio van siempre seguidas, o más bien conjuntas, de benevolencia e ira […] Como el odio produce un deseo de la miseria y una aversión a la felicidad de la persona odiada […]») (II, II, VI).

Si el liberalismo moderno cae en las fauces metafísicas de Freud, hay que señalar que, sorprendentemente, la Ilustración jurídica italiana de Beccaria, en Dei delitti e delle pene de 1764 («[…] La legge che comanda la tortura è una legge che dice: Uomini, resistete al dolore, e se la natura ha creato in voi uno inestinguibile amor proprio, se vi ha dato un inalienabile diritto alla vostra difesa, io creo in voi un affetto tutto contrario, cioè un eroico odio di voi stessi, e vi comando di accusare voi medesimi, dicendo la verità anche fra gli strappamenti dei muscoli e gli slogamenti delle ossa […]» [«[…] La ley que manda la tortura es una ley que dice: Hombres, resistid al dolor, y si la naturaleza ha creado en vosotros un amor propio inextinguible, si os ha dado un derecho inalienable a vuestra defensa, yo creo en vosotros un afecto totalmente contrario, es decir, un heroico odio de vosotros mismos, y os ordeno que os acuséis a vosotros mismos, diciendo la verdad incluso entre el desgarro de los músculos y la dislocación de los huesos […]»] [XVI]) y de Filangieri en La Scienza della Legislazione de 1796/1797 («[…] Il giudice non porta nel tribunale della giustizia un’anima libera, egli non è che l’organo della legge. Se questa è inflessibile, il giudice dev’esserlo ugualmente; se questa non conosce né l’amore, né l’odio, né il timore, né la pietà, il giudice dee come essa ignorare queste passioni […]» [«[…] El juez no lleva al tribunal de la justicia un alma libre, no es más que el órgano de la ley. Si esta es inflexible, el juez debe serlo igualmente; si esta no conoce ni el amor, ni el odio, ni el temor, ni la piedad, el juez debe, como ella, ignorar estas pasiones […]»] [185]) subvierte el binomio individualidad/socioguridicidad de las emociones, al no ser el Estado quien debe erigirse en controlador de las emociones individuales (el ciudadano adquiere el derecho de utilizar la rabia como demanda de identidad estatal).

Lo mismo ocurre en autores menores como Verri, Gorani (reacción sociojurídica al despotismo), Pagano (espíritu de rebelión debido a la violación de los derechos), Romagnosi o Genovesi.

Posteriormente, en la modernidad, nace la metafísica freudiana: la «rabia» es una «[…] ursprüngliche, selbständige Triebanlage […]» [«[…] tendencia pulsional originaria e independiente […]»], una emoción originaria y autónoma que debe controlarse («[…] Für alles Weitere stelle ich mich also auf den Standpunkt, daß die Aggressionsneigung eine ursprüngliche, selbständige Triebanlage des Menschen ist […]» [«[…] Por lo demás, me sitúo, pues, en el punto de vista de que la inclinación a la agresión es una tendencia pulsional originaria e independiente del hombre […]»], en Das Unbehagen in der Kultur de 1930 [VI]).


La rabia no es solo una emoción: también puede ser una respuesta a la injusticia.

Freud continúa inasequible al desaliento: «[…] Etwas sehr Merkwürdiges, das wir nicht erraten hätten […] Die Aggression wird introjiziert, verinnerlicht, […] Dort wird sie […] vom Über-Ich […] als Strafbedürfnis ausgeübt […]» [«[…] Algo muy extraño, que no habríamos adivinado […] La agresión es introyectada, interiorizada […] Allí es ejercida […] por el Superyó […] como necesidad de castigo […]»] [VII], donde la cultura interioriza la agresividad transformándola en conciencia moral (Gewissen). Con el término Aggressionsneigung, Freud sintetiza la «rabia» como una «[…] ursprüngliche, selbständige Triebanlage […]» [«[…] tendencia pulsional originaria e independiente […]»] y conciencia (Gewissen), es decir, como una tensión entre el Yo (Ich) y el Superyó (Über-Ich). La clínica gerencial posterior, dominante en el siglo XXI, entiende la «rabia» como un «[…] déficit individual de autorregulación emocional […]».

J. J. Gross, en Emotion Regulation: Conceptual and Empirical Foundations dentro del Handbook of Emotion Regulation (2007), sostiene: «[…] Emotion regulation refers to the processes by which individuals influence which emotions they have, when they have them, and how they experience and express these emotions […]» («[…] La regulación emocional se refiere a los procesos mediante los cuales los individuos influyen en qué emociones tienen, cuándo las tienen y cómo experimentan y expresan estas emociones […]») (3), y en el Handbook de 2014 persevera: «[…] Maladaptive emotion regulation strategies are associated with a wide range of negative outcomes, including aggression and anger dysregulation […]» («[…] Las estrategias de regulación emocional desadaptativas se asocian con una amplia gama de resultados negativos, entre ellos la agresión y la desregulación de la ira […]») (15): la «rabia» es una «[…] regulación desadaptativa (maladaptive regulation) […]».

R. F. Baumeister, en Self-Regulation and the Executive Function of the Self, incluido en el Handbook of Self-Regulation (2004), escribe: «[…] Self-regulation is the capacity to alter one’s responses, including emotional responses, in order to conform to standards, ideals, or goals […]» («[…] La autorregulación es la capacidad de alterar las propias respuestas, incluidas las respuestas emocionales, con el fin de conformarse a normas, ideales u objetivos […]») (2) y, en Evil: Inside Human Violence (1999), explica con extrema claridad: «[…] Aggression often reflects a failure of self-control […]» («[…] La agresión refleja a menudo un fracaso del autocontrol […]») (39). La responsabilidad de la «rabia» o «agresividad» recae funcionalmente sobre el individuo: «[…] People with poor emotional self-regulation are at the mercy of their impulses […]» («[…] Las personas con escasa autorregulación emocional están a merced de sus impulsos […]») (56) escribe D.Goleman en Emotional Intelligence (1995)


Escuchar la rabia permite reconocer el daño social que suele individualizarse.

y la TCC (terapia cognitivo-conductual) de R. Novaco y H. Kassinove cierra el discurso con: «[…] Anger problems are conceptualized as deficits in cognitive and behavioral self-control […]» («[…] Los problemas de ira se conceptualizan como déficits en el autocontrol cognitivo y conductual […]») (12), en Anger Control: The Development and Evaluation of an Experimental Treatment (1975). La metafísica freudiana – con M. Klein, D. W. Winnicott, W. Bion, K. Lorenz, E. Fromm y la clínica gerencial, junto a A. Bandura, A. T. Beck y N. Rose- sostiene la tesis de que la rabia es un excedente interno que debe ser controlado: en ninguno de estos paradigmas se la trata como una respuesta legítima frente a una injusticia estructural. Antes de la nueva sociología tardomodernista, la modernidad experimentó momentos de intensa tensión en torno a la emotividad (individual), suscitando reacciones heréticas.

H. Arendt, en On Violence (1970), sostiene: «[…] Only where there is reason to suspect that conditions could be changed and are not does rage arise […] Only when our sense of justice is offended do we react with rage […]» («[…] Solo allí donde hay razones para sospechar que las condiciones podrían cambiarse y no se hace es cuando surge la rabia […] Solo cuando nuestro sentido de la justicia se ve ofendido reaccionamos con rabia […]») (112) y, a lo largo de toda su crítica antifreudiana, expresa dos conceptos: la rabia como reacción ante la ofensa al sentido de justicia y la rabia no necesariamente irracional (60-80), lo que conduce a la conclusión de la defensa de los movimientos militantes. J.-P. Sartre y S. Weil critican la metafísica freudiana desde las metafísicas existencialista y cristiana.

En el volumen de casuística clínica Sanity, Madness and the Family (2016/2018) se escribe: «[…] Above all, Laing and Esterson thought that if you understood the patient’s world their apparent madness would become socially intelligible […]» («[…] Por encima de todo, Laing y Esterson pensaban que si se comprendía el mundo del paciente, su aparente locura se volvería socialmente inteligible […]») (1/2), sobre la dimensión sociojurídica de la emoción y de la enfermedad mental (R. D. Laing y A. Esterson, bajo la influencia de K. Jaspers). F. Fanon subvierte a Freud: en Les damnés de la terre (1961) considera la lucha violenta de los colonizados (lejos de ser una agresividad ciega e irracional) como expresión de liberación y de reapropiación de la dignidad humana negada.

A. Lorde, con The Uses of Anger: Women Responding to Racism, publicado en Women’s Studies Quarterly (vol. 25, núm. 1/2, 1997, escrito en 1981), introduce una revolución: «[…] Anger is loaded with information and energy […]» («[…] La rabia está cargada de información y energía […]») (281) y «[…] But anger expressed and translated into action in the service of our vision and our future is a liberating and strengthening act of clarification […]» («[…] Pero la rabia expresada y traducida en acción al servicio de nuestra visión y de nuestro futuro es un acto liberador y fortalecedor de clarificación […]») (281-282), haciendo ver que visibilizar la rabia y escucharla permite un crecimiento, rechazando la patologización (culpabilidad/defensividad) típica de la psicología clínica.

Después, la «rabia», con el último Bauman, se convierte por fin en un asunto sociológico, con un cambio total de «paradigma» epistemológico – dominado por Séneca, Tomás y Freud- y aniquilado por los nuevos «paradigmas» socio-etno-antropológicos: en Liquid Fear (2006) se afirma: «[…] Fear is the name we give to our uncertainty in the face of the dangers that characterize our liquid modern age, to our ignorance of what the threat is and our incapacity to determine what can and can’t be done to counter it […]» («[…] El miedo es el nombre que le damos a nuestra incertidumbre ante los peligros que caracterizan a nuestra era moderna líquida, a nuestra ignorancia de cuál es la amenaza y a nuestra incapacidad para determinar qué se puede y qué no se puede hacer para contrarrestarla […]») (1), a modo de crítica incipiente contra la clínica gerencial.

Para Bauman, la «rabia» en la tardo-modernidad no es un estado anímico interno ni un trastorno individual que deba controlarse; expresa una condición social estructural de incertidumbre constante debida a la disolución de las anclas tradicionales de seguridad (relaciones estables, visiones fiables, sentido compartido): las emociones como el temor, la ansiedad y la rabia deben interpretarse como respuestas socialmente situadas frente a condiciones de fluidez colectiva (y no como «disfunciones» individuales). El precursor de la escuela baumaniana es A. Honneth, en Kampf um Anerkennung. Zur moralischen Grammatik sozialer Konflikte (1992): «[…] Wut, Empörung und Trauer bilden die affektive Seite der moralischen Reaktionen, sobald erlebte Ungerechtigkeiten als moralische Beschwerden artikuliert werden […]» («[…] La ira, la indignación y la tristeza forman el lado afectivo de las reacciones morales tan pronto como las injusticias experimentadas se articulan como quejas morales […]») (VIII, 160) y «[…] In der sozialen Welt werden Kämpfe um Geltung und Anerkennung oft durch Empörung und kollektives Unrechtsempfinden ausgelöst […]» («[…] En el mundo social, las luchas por la validez y el reconocimiento son desencadenadas a menudo por la indignación y el sentimiento colectivo de injusticia […]») (VIII, 120); entra en acción el concepto crucial de Anerkennung («reconocimiento»): la «rabia» es un índice de «reconocimiento» sociojurídico.

P. Bourdieu une ambas situaciones en La misère du monde (1993): «[…] La misère sociale ne se réduit pas seulement à l’insuffisance des ressources économiques, mais inclut aussi l’absence de capital symbolique et linguistique qui permettrait de faire reconnaître ses expériences et souffrances […]» («[…] La miseria social no se reduce únicamente a la insuficiencia de recursos económicos, sino que incluye también la ausencia de capital simbólico y lingüístico que permitiría hacer reconocer las propias experiencias y sufrimientos […]») (35) y «[…] Les dominés sont souvent dans l’impossibilité d’articuler socialement leur mécontentement et leur indignation, qui se transforment en ressentiment silencieux […]» («[…] Los dominados se hallan a menudo en la imposibilidad de articular socialmente su descontento y su indignación, los cuales se transforman en resentimiento silencioso […]») (120), consolidando el discurso en La Domination masculine (1998).

J. Butler, en Notes Toward a Performative Theory of Assembly (2015), asevera: «[…] The political claim is already enacted by the assembling of bodies, their gestures and movements […] delivering a bodily demand for a more livable set of economic, social, political contributions […]» («[…] La reivindicación política ya se promulga mediante la reunión de los cuerpos, sus gestos y movimientos […] emitiendo una demanda corporal de un conjunto más habitable de contribuciones económicas, sociales y políticas […]»), donde el término body [cuerpo] sustituye al término emoción. Bauman, al no haber tenido la oportunidad de escribir en profundidad sobre la «rabia» en sus últimos estudios, se refiere a ella como conflicto moral (Honneth), como energía política (Fanon, Lorde) y como identidad emotiva (Illouz, Brown, Mishra)

E. Illouz, en Cold Intimacies: The Making of Emotional Capitalism (2007), escribe: «[…] Emotional life has become a site of self-definition, where suffering and resentment are endlessly narrated but rarely translated into collective action […]» («[…] La vida emocional se ha convertido en un lugar de autodefinición, donde el sufrimiento y el resentimiento se narran sin fin, pero rara vez se traducen en acción colectiva […]») (10) y «[…] Modern individuals are encouraged to understand their suffering primarily as personal experience rather than as the effect of social structures […]» («[…] Se anima a los individuos modernos a comprender su sufrimiento primordialmente como una experiencia personal en lugar de como el efecto de estructuras sociales […]») (14).


La rabia se convierte en demanda de reconocimiento, identidad y acción colectiva.

W. Brown, en Undoing the Demos: Neoliberalism’s Stealth Revolution (2015), escribe: «[…] Neoliberal rationality converts political problems into individual failures and injuries […]» («[…] La racionalidad neoliberal convierte los problemas políticos en fracasos y lesiones individuales […]») (116). P. Mishra, en Age of Anger: A History of the Present (2017), escribe: «[…] Resentment has become a dominant political emotion in societies where the promise of individual fulfillment has been widely disseminated but scarcely realized […]» («[…] El resentimiento se ha convertido en una emoción política dominante en las sociedades donde la promesa de realización individual ha sido ampliamente difundida pero escasamente realizada […]») (13). La suma de la nueva sociología baumaniana indirecta y del volumen de estilo baumaniano Explosive Emotions: How to Think About Anger, Shame, and Envy, de Illouz, blindan el concepto tardomodernista de la «rabia» o «agresividad» como una demanda de identidad literaria.

Las estrategias lírico-elegíacas de la insonorización y de la damnatio memoriae estimulan los mecanismos de «rabia» o «agresividad» del tardomodernismo literario, que desembocan en la ironía feroz, en la invectiva y en el σαρκάζω [sarcastizo / muerdo los labios]. ¿Σαρκάζω?

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En cuanto al autor de este artículo

Ivan Pozzoni nació en Monza en 1976. Introdujo la materia de el Derecho y la Literatura en Italia. Ha publicado ensayos sobre filósofos italianos y sobre la ética y la teoría jurídica del mundo antiguo, y ha colaborado en varias revistas italianas e internacionales. Entre 2007 y 2018 se publicaron varias colecciones de sus versos: Underground y Riserva Indiana, con A&B Editrice, Versi Introversi, Mostri, Galata morente, Carmina non dant damen, Scarti di magazzino, Qui gli Austriaci sono più severi dei Borboni, Cherchez la troïka y La malattia invettiva con Limina Mentis, Lame da rasoi, con Joker, Il Guastatore, con Cleup, Patroclo non deve morire, con deComporre Edizioni. Fue fundador y director de la revista literaria Il Guastatore – Quaderni «neon»-avanguardisti; fue fundador y director de la revista literaria L’Arrivista; fue redactor jefe de la revista filosófica internacional Información Filosófica; es o ha sido director de las series Esprit (Limina Mentis), Nidaba (Gilgamesh Edizioni) y Fuzzy (deComporre). Fundó una quincena de editoriales socialistas autogestionadas. Ha escrito/editado 150 volúmenes, redactado 1.000 ensayos, fundado un movimiento de vanguardia (NeoN-avant-gardismo, aprobado por Zygmunt Bauman), con un millar de movimientistas, y redactado un Antimanifiesto NeoN-avant-gardista. Se le menciona en los principales manuales universitarios de historia de la literatura, historiografía filosófica y en los principales volúmenes de crítica literaria. Su volumen La malattia invettiva gana Raduga, mencionado en la crítica de Montano y Strega. Está incluido en el Atlas de poetas italianos contemporáneos de la Universidad de Bolonia y aparece en varias ocasiones en la importante revista literaria internacional Gradiva. Sus versos se han traducido al francés, inglés y español. En 2024, tras seis años de retirada total de los estudios académicos, regresó al mundo artístico italiano y fundó la Kolektivne NSEAE (Nuova antropología socio/etno/estética).


Ivan Pozzoni è nato a Monza nel 1976. Ha introdotto in Italia la materia della Law and Literature. Ha diffuso saggi su filosofi italiani e su etica e teoria del diritto del mondo antico; ha collaborato con con numerose riviste italiane e internazionali. Tra 2007 e 2018 sono uscite varie sue raccolte di versi: Underground e Riserva Indiana, con A&B Editrice, Versi Introversi, Mostri, Galata morente, Carmina non dant damen, Scarti di magazzino, Qui gli austriaci sono più severi dei Borboni, Cherchez la troika e La malattia invettiva con Limina Mentis, Lame da rasoi, con Joker, Il Guastatore, con Cleup, Patroclo non deve morire, con deComporre Edizioni. È stato fondatore e direttore della rivista letteraria Il Guastatore – Quaderni «neon»-avanguardisti; è stato fondatore e direttore della rivista letteraria L’Arrivista; è stato direttore esecutivo della rivista filosofica internazionale Información Filosófica; è, o è stato, direttore delle collane Esprit (Limina Mentis), Nidaba (Gilgamesh Edizioni) e Fuzzy (deComporre). Ha fondato una quindicina di case editrici socialiste autogestite. Ha scritto/curato 150 volumi, scritto 1000 saggi, fondato un movimento d’avanguardia (NeoN-avanguardismo, approvato da Zygmunt Bauman), con mille movimentisti, e steso un Anti-Manifesto NeoN-Avanguardista, È menzionato nei maggiori manuali universitari di storia della letteratura, storiografia filosofica e nei maggiori volumi di critica letteraria.Il suo volume La malattia invettiva vince Raduga, menzione della critica al Montano e allo Strega. Viene inserito nell’Atlante dei poeti italiani contemporanei dell’Università di Bologna ed è inserito molteplici volte nella maggiore rivista internazionale di letteratura, Gradiva.I suoi versi sono tradotti in francese, inglese e spagnolo. Nel 2024, dopo sei anni di ritiro totale allo studio accademico, rientra nel mondo artistico italiano e fonda il collettivo NSEAE (Nuova socio/etno/antropologia estetica).

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